Part de Cesària / PVDC



Lena: llegada por cesárea no respetada en Sant Joan de Deu Manresa

Hace casi cuatro meses que Lena me acompaña al otro lado de la piel. Su llegada no fue nada respetuosa, ni yo le pude dar una bonita bienvenida. Sigo intentando aceptar todo lo ocurrido, aunque el momento de su nacimiento coincida con la experiencia más traumática de mi vida y no lo pueda recordar como un momento feliz. Recuerdo la de veces que me habían dicho que disfrutara de mi parto y la de veces que yo le había deseado a mi niña un buen viaje, y no puedo evitar llorar todo lo ocurrido. Y, a día de hoy, le sigo pidiendo perdón.

Nuestro proceso de parto se inició con una rotura de bolsa bien entrada la semana 41. Por fin, ¡qué ilusión nos hizo!. Sin embargo, empezaba una cuenta atrás que no imaginé que llegara a su fin. Horas en las que las esperadas contracciones, llevaderas encima de una pelota en el comedor de mi casa, se espaciaban cada vez más.

Finalmente, fuimos a Migjorn. Allí nos esperaban para tomar el aceite de ricino. Fueron 4 dosis, ¡relamí hasta la cuchara!, pero no pasaba nada. Acostada en la cama fue cuando noté una contracción muy fuerte y unas náuseas horribles, me dio el tiempo justo de llegar al váter y vomitar como nunca en mi vida. Me quedé clavada abrazada al váter, con un dolor increíble en los riñones. Mi pareja fue a llamar a las comadronas y volvió diciéndome que se habían puesto muy contentas, que aquello era muy buena señal. Aunque con lágrimas del súperesfuerzo, me puse también súpercontenta!.

Empecé a sentir contracciones cada vez más fuertes y más seguidas, entramos en esa maravillosa sala de partos y les fuimos dando la bienvenida una a una, con la pelota, la cuerda… yo iba vomitando de vez en cuando… pero pasaron las horas y se volvieron a espaciar muchísimo. Me hicieron correr una cuesta enorme, de subida y de bajada, y lo hice con todas mis ganas; subir y bajar escaleras cruzando las piernas; me estimularon con el sacaleches… y algunas contracciones iban volviendo… pero eran de preparto… y al final amaneció y se nos agotó el tiempo. Había riesgo de infección.

Lloramos muchísimo y aceptamos lo que venía a continuación: ir al hospital Sant Joan de Déu de Manresa a por una inducción. Tocaba un proceso distinto. Al llegar me dijeron que estaba de 1 cm. Después de pasar un par de horas monitorizada, pasando contracciones sobre una pelota, fuimos a una sala a esperar al ginecólogo, pues me quería hacer una ecografía e inducirme porque ese día cumplía las 42 semanas (¿no habíamos venido a eso?. Además, con 6h de bolsa rota allí ya te inducen…). Para que yo no estuviera de pie pasando las contracciones y aguantando una compresa que iba empapando el líquido amniótico, la comadrona me puso una pelota mientras esperábamos su llegada. En cuanto llegó, sus únicas palabras fueron: “¿Qué hace ahí en medio esa pelota?!”, de forma muy despectiva. La comadrona y mi pareja me ayudaron a levantarme y a subir a la camilla. El Dr. d. l. B. me hizo una ecografía muy agresiva, apretándome muchísimo la barriga. Me dolía mucho y yo no paraba de quejarme y llorar. No recibí de él ni una mirada ni una palabra. A partir de ahí seguí llorando. Antes de entrar en la sala de partos fui al lavabo varias veces, sin dejar de llorar y encorvadísima. Nadie me decía nada. Era como si empezase la pesadilla, bofetadas de realidad de todo lo que yo había querido evitar para mí y para la llegada al mundo de mi hija.

Me pasaron a la sala de partos, súperiluminada y fría, donde pasó a atenderme otra comadrona. Me dijo que estaba de 1 cm (“¿todavía?”, pensé). A pesar de que me puso una pelota, tenía los cables de monitorización a mi derecha y a mi izquierda me tiraban los de la vía de oxitocina y del antibiótico, así que era incomodísimo y muy difícil moverse. Le comenté, además, que tenía mucho frío. Me dijo que la temperatura era inamovible, y que normalmente las parturientas tienen calor. Nada más. Mi pareja me puso una chaqueta encima. Yo no podía dejar de llorar y pensar en que por eso yo no quería ir a un hospital… pero poco a poco las contracciones se hicieron más fuertes, así que se acabó el llanto y a transitar el dolor. Como cada vez eran más intensas y estaba incómoda por los tirones de los cables y por la luz infinita que por los ventanales me daba en la cara, me subí a la camilla para pasarlas en cuclillas, agarrada al respaldo. Sin embargo, las intervenciones de la comadrona no fueron muy adecuadas, pues mientras estaba con una contracción o vomitando de lado en una palancana que me ponía mi pareja, me tomaba la tensión o me cambiaba algo de la vía, no se podía esperar, y a mí esas actuaciones me incomodaban muchísimo. Más tarde llegó su valoración (me hizo un tacto y me dijo que estaba de 4 cm) y su recomendación de ponerme la epidural porque iba muy lenta en la dilatación, y me dijo que la aceleraría. Yo lo dudaba, pero insistió y nos convenció. Mi dolor de riñones había seguido ahí todo el tiempo, era un dolor muy permanente que con las contracciones aumentaba. Con esa epidural se me relajó y descansé un poco (no me ocurrió con las siguientes dosis). Cuando el efecto se fue, tocaba pasar las contracciones tumbada, eso sí que fue difícil. Un reloj enorme de luces rojas delante mío me indicaba la hora todo el rato…

Llegó el cambio de turno de comadrona, me dijo que vendría el ginecólogo a valorarme. Nos confirmó que seguramente sería el de la mañana, porque hacían turnos de 24h. Yo me asusté, no quería que ese hombre me tocara. Sin embargo, entró el Dr. R, un ginecólogo que amablemente se presentó y me explicó que debían proceder a valorar el pH y cómo lo harían (sondarme, meterme un tubo y pincharle la cabeza para sacar sangre). El tacto vaginal fue de 7 cm y el pH de 7,5. Me animó a seguir.
La siguiente visita, muy a nuestro pesar, fue del Dr. d. l. B. con otra comadrona distinta, cerca de las 12h de la noche. Él se quedó en la puerta mirando el móvil, ni siquiera entró. Y ella me hizo otro tacto y me dijo que estaba de 4 cm!. Yo debí haberme negado al ver que era otra comadrona… Reclamé que anteriormente había sido superior y que me lo repitiese la comadrona anterior. El Dr. d. l. B., sin moverse de la puerta, se negó en banda, dijo que la comadrona era una profesional y que lo que ella dijera era lo que constaría en la historia clínica. Comenzó una discusión con él, en la que intervino sobre todo mi pareja, explicándole la valoración anterior y que hasta se había medido el pH con un tubo de 7 y que en nuestro plan de parto pedíamos que la valoración la hiciese siempre la misma persona. La discusión se alargó un rato, pero finalmente accedió a llamar al Dr. R. Reconozco que mi mente no sé cómo estaba en ese momento…

Tardaron en llegar. Poco antes de que entrasen yo me había puesto a cuatro patas en la camilla, no podía aguantar el dolor y necesitaba moverme. El Dr. d. l. B. al verme me metió bronca, que no debía hacer eso. Como pude le dije que necesitaba moverme, y como pude me volví a tumbar. La valoración del Dr. R. fue de 8 cm (el doble!) y volvió a mirar el pH (7,3), todo correcto y me animó a seguir. Mientras, el Dr. d. l. B. no paraba de hacer comentarios negativos: “Pero son 8 en contracción, no?” “Pero ese monitor es patológico”, “Pero no se qué de hacer una bioquímica”… y el último, amenazante, “Bueno, en 2h sabremos si pares o no pares”. Cuando se fue me repitió que no me subiera a la camilla. Mi pareja conversó con el Dr. R. sobre la situación vivida. Todos en sala nos confirmaban que el trato que daba el Dr. d. l. B.  no era el adecuado. Pedí poder separar, entonces, la lumbar de la camilla de alguna manera y me levantaron el respaldo. Al menos así, pensé, en cada contracción moveré la pelvis y la podré acompañar mejor. A la hora y media regresó el Dr. R. y al hacer la valoración comentó que aún estaba de 8 cm y que la bebé estaba en fase 2. Me hizo empujar y me presionó un poco la barriga, y aunque valoraban mi aguante, me dijo que los monitores reflejaban muchas bajadas en su frecuencia cardíaca y que había que hacer cesárea. Al final, de no querer un parto hospitalizado, me llevaba hasta la guinda del pastel.

Antes de que llegaran a prepararme, me aclaré la boca con agua, y la escupí. Había estado reclamando poder hacerlo desde hacía muchas horas, pero no me dejaban. Sin embargo, de todo el proceso y de los vómitos ya no podía más, lo necesitaba. Tampoco les gustó que lo hiciera, tuve que insistir en que no me la había tragado.

Entré muy tranquila en el quirófano, pensando que a pesar de todo, ya quedaba poco. Mi pareja no pudo entrar conmigo, y hubiera sido de gran ayuda. Me estiraron y me hicieron poner los brazos en cruz, no los debía mover. En un brazo el tensiómetro y en otro una pinza. Me subieron una cortina, con lo que ya no podía ver nada. La comadrona me confirmó que me operaban los dos ginecólogos. A la anestesista la tenía al lado, era la única a la que veía. Cuando intuí que iban a empezar, le comenté que podía mover los pies. No le dio importancia y me dijo que sólo notaría fuerza y tirones. Pero no fue así. Noté como me rajaban, mucha fuerza y mucho dolor que supuse se correspondían con el proceso de sacarla. Yo inspiraba y expiraba profundamente para intentar canalizarlo. La anestesista lo único que me dijo fue “No respires tan hondo que vas a hiperventilar”. Empecé a notar como si me desgarrasen por dentro, mis respiraciones se convirtieron en gritos, me dolía muchísimo. Ni una palabra, ni una mirada, ni un gesto… nada, me quería morir. Cuánta soledad. En algún momento la comadrona me acercó a Lena a la cara, y me dijo “la Lena”… yo creo que medio la rocé con la mejilla… pero no estaba en mí… Y me dijo “Se la llevo al papa”. Después mis brazos empezaron a convulsionar y la anestesista decidió ponerme algo. En el primer intento, me lo salpicó en la cara. Se le escapó algo malsonante. No se disculpó. Viví el momento más traumático de mi vida y se corresponde con el “nacimiento” de mi hija. Su Apgar fue de 10. Cuando acabaron, el Dr. R. me comentó que no esperaba que me doliera tanto y la anestesista me dijo que, claro, que mi umbral por la epidural tras varias dosis ya era más alto. Cuando me sacó la enfermera de quirófano, yo estaba bloqueadísima, como si me diera ya igual todo, y fui incapaz de enfocar a mi pareja que tenía a mi hija cogida cuando pasamos por delante, no les hice caso, entonces me dio un toque en el hombro y me dijo “Pero que es tu hija”. Antes de subirme a la habitación me dijo que me lo había dicho porque “parecía que no la quería”. Me acabó de hundir. Me sentí maltratada física y emocionalmente.

Cuando la comadrona se la quitó a mi pareja para pasármela a mí (no le dejaron a él dármela) siento que no la pude recibir ni con la felicidad ni con la alegría que siempre había imaginado. Me dieron la enhorabuena. ¿Enhorabuena?, ¿de verdad?, ¿por qué?, pensaba yo…

El postparto en el hospital fue horrible para mí. No podía dejar de llorar de forma continua. Estaba desconectadísima de aquella criatura que me habían puesto en la cama, a mi lado. Y debía amamantarla. Y no entendía por qué la vida me había preparado una experiencia así para ese momento tan significativo. Mi pareja me ayudó mucho a moverla y a ponérmela y a dedicarme a ella. En mi casa, tampoco fue fácil, siguió la desconexión, una mastitis súperlarga, y la sensación de haber recibido una paliza, y con el tiempo pasando, sigo llorando. Sigo triste cuando querría estar feliz y poder disfrutar y empaparme al máximo de sus primeros meses de vida.

08/12/2017

EL NAIXEMENT DE L’ÈLIA. Cessària urgent, separació, i infecció per estreptococ

L’Èlia va néixer el 17 de juliol de 2010. Quatre dies després de la DPP em trobava força malament, com enfebrada. Estava agobiada, i vam decidir anar a dinar al riu. Mentre dinàvem amb en Jordi, els meus pares i una germana, jo no podia ni seure, em trobava fatal. No tenia contraccions, però em feia mal tota la panxa. Vaig anar a fer un pipí darrere uns arbres, i vaig trencar aigües, eren verdes, pastoses, horribles.

Vaig trucar a la meva llevadora, l’Ester, que estava de vacances, i em va dir que anéssim directes a l’hospital. De seguida van començar les contraccions, molt fortes i freqüents (2-3 minuts). Vam recollir-ho tot ràpidament, vam passar per casa a buscar la bossa, que ja teníem a punt. No tenia gens de por ni sensació de perill, per fi estava de part! Estava radiant, molt contenta, tot i el dolor.

A les 3 del migdia arribàvem a l’hospital (St Joan de Déu de Manresa). Vaig pujar a planta pel meu propi peu, i em van fer passar de seguida. Era dissabte, i tot estava força tranquil. Es va presentar la llevadora, i em va prendre una mostra de les aigües. Em va dir que al ser verdes trencaria la bossa, i va sortir molt més líquid. Va auscultar el cor de la nena, i de seguida va avisar a una ginecòloga, i van comprovar que la nena tenia taquicàrdies amb cada contracció.

Em van dir que em portaven a sala de parts, i que quan s’estabilitzés tot ja em passarien a una habitació per fer la dilatació tranquil•la (sabien que m’havia acollit al protocol de part natural, i portava el pla de part). Però em van fer estirar i posar els monitors, i aquí va començar el malson, o la “baixada accelerada dels núvols”. Les contraccions estirada es feien insuportables, em volia aixecar, però em deien que no, que les corretges no funcionarien, i que necessitaven controlar la nena.

Feien mooolt més mal que abans, jo no estava preparada per allò. I els registres pitaven per les taquicàrdies, i jo m’anava angoixant. Va començar a entrar gent, que no es presentaven, em van treure sang, em van posar una via amb l’antibiòtic per l’estreptococ positiu, i em van posar el termòmetre. Tenia febre, unes dècimes. Mal senyal. Em van fer la prova del pH tres vegades (punxen el caparró de la nena per saber el nivell d’oxigen que li arriba), sense ni comprovar si tenia una contracció en aquell moment (una gine es va endur un bon cop de peu!).  Així vaig passar les dues hores més llargues de la meva vida.

Poc abans de les 6 de la tarda, veient que la cosa no s’estabilitzava i que jo només estava de 2 cm des que havia arribat, o sigui dilatació zero, i que el pH cada vegada era pitjor, van decidir fer cessària. M’ho va comunicar una gine molt amable, amb tot l’amor i comprensió del món. I jo, que en aquell moment ja m’havia rendit, volia que aquella angoixa s’acabés, que la nena deixés de patir, volia deixar d’estar en aquella horrible sala de parts, amb tanta gent, amb tant dolor. Vaig agrair la notícia de la cessària, tot i que em vaig posar a plorar. En certa manera, tot havia anat molt ràpid, i no em podia creure que allò m’estigués passant a mi. Eren les 6 de la tarda.

Mentre em feien la cessària (em van punxar la raquídia, ja que no portava epidural, és l’anestèsia per les cessàries urgents), vaig tenir una llevadora resident que em va animar moltíssim, era molt dolça, i de fet, era la única que es dirigia a mi (la resta parlava de l’arrossada que farien l’endemà). Ella va saber trobar les paraules que em reconfortaven. Evidentment hagués preferit tenir a en Jordi al meu costat, però la veritat és que vaig agrair moltíssim el seu suport.

Van treure l’Èlia, i em van dir “enhorabona, mare!”, però no me la van ni ensenyar. Al cap d’uns segons, que se’m van fer eterns, la vaig sentir plorar, i vaig sentir una felicitat indescriptible. Tot està bé, tranquil•la, em deien, i jo m’ho vaig creure, m’ho vaig voler creure. En Jordi era a l’habitació del costat, va veure com sortia, l’estat el que va sortir, i diu que va patir, no feia gaire bona pinta (tot i que no havia vist mai un nadó acabat de néixer). Se la van endur a neonats, amb en Jordi. A mi em van cosir i em van portar a rehabilitació, sabia que m’hi estaria una estona.

Al cap de mitja hora l’anestesista em va dir que ja em podien pujar a planta que estava responent molt bé. Però no em van pujar fins a les 9 del vespre, perquè no hi havia camillers. Bé, paciència i bon humor. Estava estranyament resignada. Quan vaig arribar a l’habitació esperava trobar-hi la nena i en Jordi, però em vaig trobar en Jordi sol, i tota la meva família esperant al passadís. Em van explicar que la nena estava en observació perquè hi havia indicis d’infecció, i que segurament estaria tota la nit a neonats.

No m’ho podia creure…. Una infermera em va dir que dormís, que ja la veuria l’endemà. Mare meva! Si jo encara no l’havia vist!! I aquella dona volia que dormís!! Vaig insistir molt, i em van dir que em portarien una cadira de rodes, i que em faria molt mal. M’era igual, hi hagués anat arrossegant-me, i així els hi vaig dir. Era la meva filla, per favor!!! Llavors algun il•luminat va dir que si volien, els familiars podien passar a veure la nena a neonats. Em van mirar, demanant-me permís, i jo, que estava massa vulnerable i se me’n fotia tot tres pepinos excepte la meva filla, els hi vaig dir que sí. I així va ser com tothom va veure la meva filla abans que jo….

A les 12 de la nit em van portar la cadira i em van dur a neonats (per sort era la porta del costat, mare meva quin mal!!). I allà, soleta en una incubadora, la vaig veure, la meva nena. Aquell moment va ser indescriptible, el tindré guardat a la retina per sempre més. Tant que havia pensat com seria la meva filla, i era evident, només podia ser així! Era ella, va ser com un coneixement-retrobament! La van treure de la incubadora (tot i que només hi era per observació, havia pesat 3,710 gr), i va començar a plorar amb molt geni. Però la vaig agafar jo, i va callar de cop.

Llavors els que ploràvem vam ser en Jordi i jo… Es va enganxar al pit de seguida, i vaig saber que allò duraria molt de temps, que no li negaria mai el contacte, ni l’accés al pit. Mai! Ens van deixar una horeta amb la nena, i vam anar a dormir. Jo vaig dormir poc, molt poc, i a les 3 i a les 6 del matí en Jordi va anar a neonats a donar-li el biberó (que ella devorava). La política de l’hospital era: només mare i pare, cada 3 hores (a les 3, 6, 9…) durant una hora. Visites externes de familiars, des de fora el vidre, i mitja horeta a les 3 de la tarda.

Ja no recordo gaire res de la cronologia de tot plegat. Els meus bioritmes funcionaven cada 3 hores. Era una zombie la resta del temps, i m’activava poc abans d’entrar a neonats. Vivia per aquella hora cada 3 hores. En Jordi era el meu cervell: parlava amb metges i infermeres, i llavors m’ho “traduïa”. El diagnòstic va ser infecció per estreptococ (n’hi havia al cos de l’Èlia, i a la bossa d’aigües). S’havia d’estar una setmana o deu dies fent una tanda d’antibiòtic, fins que no sé quin paràmetre baixés.

La vida a l’habitació era dura. La primera nit vaig estar sola, després va venir una mare i el seu fill, estaven junts i feliços. I nosaltres no. Va ser molt dur.

A les 40 hores justes del naixement vaig tenir la pujada de la llet, acompanyada de febre i una ingurgitació bestial. Les infermeres de neonats em van donar bons consells, i tot i que em feia mal, estava molt contenta de poder oferir “tot allò!!” a la meva nena, que menjava molt i li encantava. La Lactània Materna em va salvar. EM feia sentir mare de debò, em feia sentir “útil”, només ho podia fer jo.

A les 72 hores del part, em van donar l’alta de l’hospital. Com que era al vespre, pensava que potser em deixarien quedar aquella nit, però anaven curts de llits. A les 9 del vespre vam entrar i vam estar amb l’Èlia aquella hora tan intensa. Li vam explicar que la necessitàvem, i l’estimàvem molt, però que havíem de marxar. Vaig plorar molt, molt. Trabar-te fora de l’hospital, a tres dies d’haver estat operada, d’haer estat mare, sense tenir la meva filla amb mi, i havent de fer 30 km per arribar a casa a dormir… uf!!

No podia parar de plorar, de fet ho vaig fer quan em vaig quedar adormida d’esgotament al meu llit. Aquella nit vaig dormir, poques hores però molt profitoses. Em vaig treure llet a les 3 i a les 6 del matí, i vaig descansar en un llit decent, el meu llit. I al matí, quan em vaig despertar, era una persona nova. Crec que vaig agafar el toro per les banyes, i vaig entendre que les coses eren com eren, i que no em serviria de res lamentar-me i passant el “dol” en aquell moment. Ja ho faria més endavant, ara la meva filla em necessitava en plena forma!.

I així vam passar els 6 dies que envara van trigar a donar-li l’alta, anant a dormir a casa i passant-nos a l’hospital tot el dia. Passant les hores entre visita i visita al bar, passejant o deambulant per l’hospital. Aquesta activitat em va anar molt bé per recuperar-me de la cessària. Sembla contradictori, però el fet de caminar tant, i moure’m de manera obligada, va fer que la recuperació fos ràpida. Aquells dies em van canviar la perspectiva del que havia viscut.

A neonats, l’Èlia responia molt bé al tractament. Tenia bon aspecte, molt bon pes, mamava genial i ja estava en un llitet en lloc de la incubadora. La majoria dels nadons d’allà no podien dir el mateix… Vaig aprendre d’aquells pares i mares que portaven un mes a l’hospital, i encara els en quedava un altre per poder estar amb els seus fills les 24 hores. Això nostre, tot i que teníem el dret de plorar-ho, no era res!

I el dia que ens van donar l’alta, simplement vam agafar la nena a coll, i vam marxar! Ningú ens podia esborrar el somriure de la cara. Aquell dia va ser dels més feliços de la meva vida, sinó el que més!

Nota: La infecció per estreptococ va passar la bossa d’aigües i va infectar la nena, cosa que no és habitual. El dia que havia complert les 40 setmanes, em van fer un tacte molt dolorós, vaig sagnar una mica i tot. Des de llavors cada cop em vaig anar trobant pitjor, fins al moment de trencar aigües, que la infecció ja hi era “de feia dies”. No es pot afirmar categòricament que fos degut al tacte, però jo ho tinc clar. No em penso baixar les calces mai més si no estic de part i no és estrictament necessari!!

INFORMACIÓ SOBRE ESTREPTOCOC AQUÍ

19072010021

08/12/2017


PVDC a Dexeus

Hace ya tiempo que quería escribir este mensaje pero van pasando los días y lo voy dejando. Una amiga acaba de parir y me ha recordado mi parto hace 10 meses y he querido compartirlo con vosotras, para dar ánimos a aquellas que tuvieron una primera cesárea y quieren parir.

 

Yo tuve una cesárea hace 3 años y medio con Ainara. Era inexperta y confié ciegamente en mi ginecólogo. Mirándolo ahora, pienso que podría haber pedido una segunda opinión o haberle dicho que no, pero en ese momento no supe. Cuando me dijo que era cesárea me pasé una semana llorando. Me hicieron la cesárea, mi marido no pudo estar conmigo y se llevaron a la niña, solo la pude ver dos minutos y tuve que esperar un par de horas para volver a verla. Y sé que no era necesaria. Por suerte, mi hija está bien que es lo importante.
Cuando me quedé embarazada del segundo, me cambié de ginecólogo pero estaba con otro que era del mismo equipo. Yo le insistía en que quería parir y él me decía que no me preocupase. Sin embargo, al llegar la semana 30 más o menos, empezó a decirme que al haber tenido una cesárea, lo más probable es que tuviera otra y ya vi que no me iba a dejar parir. Fui a hablar con una comadrona de mi CAP y me dijo lo mismo, que tenía un 99% de posibilidades de tener otra cesárea.

 

Por suerte, mi amiga Noelia me pasó la información sobre una charla que daba Dona Llum sobre El parto después de cesárea a cargo de Imma Marcos. Fui y me abrieron los ojos. Yo podía decidir, no tenía que dejarlo todo en manos de los médicos. Dicho y hecho. En la semana 37, con un pequeño ataque de locura y con la objeción de mi familia por estar en un estado tan avanzado, me cambié de ginecólogo y me fui a ver a la hermana de una amiga en la Dexeus. Ella confió en mí y me dijo que podía parir, que lo íbamos a intentar. Fue un poco estresante porque me quedaba poco tiempo pero yo estaba convencida de lo que hacía y convencí a mi marido y a mi familia para que confiaran en mí.

 

En la semana 40 me puse de parto y es el momento más bonito que recuerdo. Aguanté con las contracciones en casa todo lo que pude y luego nos fuimos al hospital. Llegué de 7 centímetros y  pedí la epidural. Tiago nació al cabo de dos horas, saqué al niño cuando ya le habían salido la cabeza y los hombros y estuve con mi marido que cortó el cordón. Fue un momento bellísimo y estoy muy agradecida a mi amiga Noelia por darme la información, a Dona Llum por la charla, a mi ginecóloga por confiar en mí y a mi marido por apoyarme.

¡Gracias!

10/12/2017

Naixement de l’Emma a casa de parts – PVDC

Ho hem aconseguit, sí, ho hem aconseguit! El meu tan desitjat PVDC, l’he pogut viure, i li he pogut regalar a la meva segona filla! El camí no ha estat fàcil, i menys encara les dues últimes setmanes, però hi hem arribat. Em sento valenta, tossuda, poderosa, i capaç, molt capaç. Mai més tindré l’ombra del dubte de que “potser jo no puc parir”. Mai més!

 

ANTECEDENTS

 

Vaig tenir una cessària necessària fa dos anys. No em va quedar la sensació que hi havia hagut mala praxis, ni que no era una intervenció necessària. Això ho vaig assumir relativament ràpid, i no em va suposar augmentar la desconfiança en els mitjans hospitalaris, al contrari. Però sí que m’havia quedat l’espina de no haver pogut parir, i més, tenint un embaràs conscient com vaig tenir, amb el desig de tenir un part fisiològic. Sí que se’m va quedar el cor oprimit de pensar en la separació immediata al naixement (6 hores), i el posterior ingrés de la meva filla a neonats que, tot i que era necessària per a l’administració de l’antibiòtic per lluitar contra l’estreptococ, tenia un règim de visites (sí, els pares érem “visites”) molt estricte, poc flexible, i poc comprensiu amb la fisiologia i el vincle mare‐nadó. No esperava la lluna en un cove, esperava un funcionament igual a molts hospitals catalans. Mètode cangur i accés les 24 hores, en lloc de una hora cada tres hores, només de dia, en unes cadires incòmodes, en una sala gens acollidora… Això era el que em motivava més, donar a un segon fill una bona benvinguda.

 

Quan vaig saber que tornava a estar embarassada vaig saber que havia arribat el moment, que m’esperava molta feina, i tenia ganes de fer‐la! Necessitava preparar‐me, agafar confiança i trobar la manera més adient de poder aconseguir un PVDC.

 

Aviat vaig arribar a la conclusió que a l’hospital on havia nascut l’Èlia, el meu de referència, seria molt difícil aconseguir un part fisiològic, pel fet de tenir una cessària anterior. El protocol deia que els casos com jo havíem de portar monitors continuament des del primer minut, per tant, havia de fer el procés de part estirada en una camilla, cosa que sabia que era el més antinatural del món, i que pràcticament et condemnava a demanar l’epidural, i l’oxitocina a la primera de canvi. A part, de monitorització interna de l’úter, amb trencament de bossa d’aigües a la mínima. Mica en mica vaig anar descobrint que tot això no era necessari, i se’m va quedar gravada una frase que vaig llegir no sé on… “Un PVDC vol les mínimes intervencions”. I tenia la sensació que a l’hospital, per massa precaucions, entorpeixen massa els processos.

 

L’alternativa era clara: Migjorn, la casa de naixements de Sant Vicenç de Castellet. Ho tenia a la mateixa comarca, tot i que a 45 minuts de casa, i a 10 minuts de l’hospital de Manresa, per si passava alguna cosa, i coneixia gent que hi havia parit, o que ho havia intentat. A la primera visita, l’Àngels, una de les llevadores, la més veterana i cofundadora de Migjorn, quan li vaig dir que clar, que jo tenia una cessària anterior, em va dir “i què?”. Vaig saber que amb aquella gent ens entendríem. Durant els mesos que va durar la preparació al part, que no només eren les “classes” mensuals, sinó també les “visites‐xerrades” amb les llevadores, tot era molt fácil.

 

No havia de donar explicacions de res del que jo creia, sinó que estàvem en sintonia, creien el mateix que jo, i em donaven una seguretat increïble.

 

Vaig llegir molt sobre PVDC, a la llista d’apoyocesareas, molts relats de part que acabaven fantàsticament bé a casa o en hospitals que respectaven la fisiologia del part, i jo cada vegada estava més convençuda i més il∙lusionada amb la meva opció. Cal dir que en Jordi ho estava igual que jo, però amb la diferència que ell ho veia tan natural i tan normal que no entenia què hi havia d’anar a fer, tant sovint, a Migjorn… jeje… Però ell estava convençut que podria parir, allà on fos, i a Migjorn també.
L’Ester, la meva llevadora del CAP i amiga, em recolzava en la decisió, i estava previst que també m’acompanyés durant el part.

 

LES ÚLTIMES SETMANES

 

Les últimes setmanes, diria que les dues últimes, van ser força dures. El seguiment el continuava fent a la SS, a l’hospital de Manresa, però en cap moment vaig dir que no pariria allà. Per començar, van veure que la nena venia gran, i em van fer repetir la prova del sucre. Va sortir bé, però em van fer fer la corba llarga. També va sortir bé. Evidentment, la nena és gran perquè jo medeixo 1,80 m… A cada visita m’avisaven que al part hauria d’estar monitoritzada, que m’havien d’administrar antibiòtic per l’estreptococ ( i això que aquesta vegada tenia els cultius negatius!!), que era molt perillós esperar massa a casa per aquest tema, que a partir del moment que trenqués la bossa em posarien un “cable” intern per mesurar la pressió exacta de l’úter, etc etc… A cada visita em negava als tactes, precisament per evitar infeccions. A la setmana 40 em van insinuar que segurament no em deixarien passar de la setmana 41, i que com que no els agradava induïr cessàries prèvies, que hauríem de parlar de programar una cessària de nou. Mare meva! Era una batalla psicològica contínua, o almenys jo ho vivia així cada vegada que tenia visita.

 

El dilluns que complia la 41 em van fer anar a monitors. Em vaig beure un suc i resulta que la nena es movia massa, i el monitor registrava les pulsacions molt altes. Jo ja els hi deia que era perquè la nena es movia molt, però em van fer tornar a la tarda. A la tarda el monitor va sortir perfecte, però resulta que no tenia gaire líquid amniòtic (el límit era 20 i jo estava a 19.4). Les paraules textuals de la ginecòloga van ser: avui tenim 6 parts i no podem, però demà a primera hora induirem el part. Em vaig quedar de pasta de moniato. Nono, no veia arguments sòlids a aquella decisió, i així els hi vaig dir (la resident es va atrevir a dir‐me que en molts llocs, “amb el meu historial” ja m’haurien programat cesària fa una setmana!!!). En Jordi va insinuar si l’error en la mesura podia fer variar els resultats i la decisió, i no el devien entendre, perquè se’l van treure de sobre com si res, mig ofeses. Els vaig dir que no volia una inducció, i em van fer signar un consentiment informat de la no‐inducció. Em van dir que hi tornés l’endemà al matí a primera hora per tornar a fer monitors, i per mirar de convèncer‐me…. a sobre!!!

 

Vaig sortir d’allà ben esverada, i després de parlar per telèfon amb Migjorn, amb l’Ester, i amb una ginecòloga externa, vaig decidir que no tornaria a posar els peus a l’hospital per cap més visita. Vaig demanar hora per dimecres a un ginecòleg privat per veure el tema del líquid i fer
un monitor, per si havia d’acabar arribant a la 42… Però jo tenia la intuïció que això no passaria.

 

Aquella nit vaig tenir alguna contracció, però al matí es va parar tot. Em vaig passar el dimarts tranquil∙la, sola a casa, sense pensar massa en res, fent relaxació i convencent‐me que la meva nena estava bé (jo sentia que estava bé! Es movia, tot era normal!), i que ella decidiria sortir aviat. A la tarda vaig estar amb en Jordi, i vam xerrar, vam estar tranquils i sols. Al vespre van tornar les contraccions, i en vaig anar tenint tota la nit. Em deixaven dormir una horeta de tant en tant, però ja no les aguantava al llit estirada. Però al matí es van tornar a parar. Em començava a impacientar… volia que vinguessin de dia, també! El dimecres a la tarda vam anar al ginecòleg privat, i el monitor va sortir perfecte (va registrar 3 contraccions en un quart d’hora…), i em va dir que el líquid era escàs, però normal per estar de 41+2. Em va fer un tacte, estava de 2 cm i el coll mig esborrat, i em va dir que ho tenia tot de cares per poder parir, aviat. Vaig sortir exultant, de la consulta. Estava tan tranquil∙la!! Vam passar per un concessionari i tot (estem mirant de canviar el cotxe), i aquell paio em parlava de sistemes de frenada i jo mirava de dissimular les contraccions… feia bastant riure la situació…!

 

Vam pujar al cotxe, i les contraccions venien cada 3‐4‐5 minuts. No eren regulars, però eren molt seguides. En Jordi tenia els seus dubtes de si pujar a Cardona o anar a Migjorn directament, però jo volia estar a casa el màxim de temps. A casa, em vaig voler anar a dutxar, pressentint que m’esperava una nit llarga, i me’n vaig adonar que estava molt molla. Ja no hi havia dubte, havia fisurat la bossa… sí, em regalimaven cuixes avall unes aigües de color… d’aigua!! Que feliç que vaig ser!! (trencar aigües verdes va ser el principi del malson en el naixement de l’Èlia).

 

EL PART

 

A les 9 vaig posar a dormir a l’Èlia, que pobreta estava molt cansada, i per sort es va adormir de seguida, perquè una contracció que vaig tenir estirada al llit va ser terrible!! Vam sopar amb els meus pares (s’havien de quedar amb la nena), i jo cada 3‐4 minuts havia d’aixecar‐me i respirar, ja feien força mal, però s’aguantaven. A quarts d’ 11 vam trucar a l’Ester, perquè tot i que no eren massa regulars, eren molt seguides, i va venir tan ràpid com va poder. No havia fet massa feina des de la tarda, però definitivament, estava de part!! Vam passar moltes contraccions a l’habitació de l’Èlia (ella dormia a la nostra habitació), sense llum, i jo asseguda al llit (no suportava la pilota!! tantes hores que m’hi havia passat!!). Una estona vaig estar al menjador, per canviar d’aires, i llavors tenia la necessitat d’estar dreta, recolzada al marbre de la cuina o a una cadira, durant les contraccions. Ni l’Ester ni en Jordi ni jo parlàvem, entre contraccions, jo estava bé, disfrutant del procés.
Cap a les dues de la matinada van trucar a Migjorn, i van decidir que era hora de baixar, que si les contraccions s’intensificaven el viatge en cotxe seria massa insuportable. Vam baixar amb el cotxe de l’Ester, conduint en Jordi i jo i l’Ester a darrere. Cap a les tres passades vam arribar a Migjorn. Havia desitjat tant poder arribar fins allà! I ara hi era, en ple treball de part! Estava molt i molt contenta! Si al final acabava a l’hospital, el cop no seria tan dur, almenys havia
disfrutat d’un procés de part normal durant una estona! Jeje… Les llevadores de guàrdia eren l’Àngels i la Cris (llevadora acabada de titular, que feia una residència a Migjorn durant l’estiu).

 

Vam triar habitació (la més fresca, ens va dir! Estàvem en plena onada de calor!!), i jo vaig continuar a la meva bola. Les contraccions s’espaiaven una mica (eren cada 10 minuts, més o menys), però feien molt més mal. Respirava com m’havien ensenyat, obrint bé la gola i dient Aaaaaaahhh…. fins a acabar l’aire, visualitzant‐lo, dirigint‐lo al centre del dolor. I la veritat és que m’ajudava a passar‐les. No em resistia al dolor, m’hi intentava capbussar, pensant sempre que quedava una contracció menys per veure la meva nena! Em deixaven al meu aire, ningú em deia res, i jo ho agraïa. Anava del llit al matalàs de la sala de parts, que era com més bé estava, amb les cames estirades, ja que amb cada contracció em feien un mal terrible les cuixes, com unes rampes molt bèsties, per les quals no estava preparada… De tant en tant escoltaven el cor de l’Emma, però jo gairebé ni me n’adonava. Sempre estava bé, la nena responia perfecte al part! A les 6 del matí li vaig dir a l’Àngels que necessitava saber si havia avançat gaire. Ella va accedir a fer‐me un tacte, tot i que no n’és gaire partidària, i em va dir que ja tenia el coll esborrat, força baix, i que continuava amb 2 cm… No m’ho podia creure! No havia fet res??? Des de la tarda a la consulta del ginecòleg, només havia esborrat el coll??? L’Ester em deia que ja tenia el més difícil fet, però a mi em costava acceptar que amb 11 hores de contraccions “només” hagués esborrat el coll!! Sabia que podien ser moltíssimes hores més, i em vaig anar desmoralitzant.

 

Vam decidir omplir la banyera, a veure si canviava el xip, i les contraccions es passaven millor. No. No va ser així. Continuaven fent molt mal, i a més, em venia molta son, molta. Les contraccions eren molt espaiades, entre 10 i 15 minuts! Sabia que no anava per bon camí, i la meva ment racional va començar a pensar massa… a pensar que si allò continuava amb aquell ritme i aquella intensitat, no podria suportar‐ho. Tenia l’àngel i el dimoni dient‐me un per un cantó, que havia arribat fins allà, que ho havia intentat, i que no passava res per anar a l’hospital (no m’ho creia ni jo!!), i de l’altra banda, l’altre que m’anava dient que feia dos anys que lluitava per allò, que la nena estava bé, i que havia d’aguantar!

 

L’Ester em va veure preocupada i em va “manar” que verbalitzés el que pensava (em coneix més bé del que jo creia!). Li vaig explicar el meu debat intern i tan ella com en Jordi em van dir que el que jo decidís estaria bé, i que m’estimarien igual… jeje… A part, jo veia que s’estava començant a fer de dia, i tenia por que el part s’estanqués com havia passat els dos dies anteriors… En aquell moment l’Ester em va dir que ella hauria de marxar cap a quarts de nou del matí, i que ja tornaria quan pugués. Allò també em va xocar… Confiava plenament en les llevadores de Migjorn, però l’Ester estava lluny de ser la meva llevadora, era la meva amiga, el meu referent del part, ella em coneixia i em sabia orientar. Em Jordi em donava tot el suport moral, però l’Ester era la part més racional dels meus acompanyants, i potser per això m’hi sentia tan propera.
I mentrestant, pensava en tants relats de parts que havia llegit on hi havia banyeres, i lo fantàstiques que eren, a tothom li anava tan bé l’aigua calenta… i perquè a mi no?? Em feien més mal, punyeta!!

 

A les 8 del matí portava dues hores en remull, i ja n’estava cansada. Vaig sortir de la banyera, i els hi vaig dir que havia d’anar al labavo… Tenia moltes ganes d’anar de ventre, i em vaig tancar al lavabo. Allà em va enganxar una contracció…. maaaaare meva!!! No la podia respirar, no sabia què coi havia passat, alguna cosa se m’estava trencant per dins! Que bèstia!! El crit que vaig fer no el vaig reconèixer ni jo, em semblava increïble que aquell crit hagués sortit de mi!! Van entrar l’Ester i la Cris amb els ulls com plats, i van anar a buscar l’Àngels. I jo,” res, res, que encara no he fet, deixeu‐me sola!!”, i la següent contracció, igual de bèstia! Va entrar l’Àngels i sense dir massa res em va fer un tacte (jo asseguda a la tassa!). Com que va anar molt ràpid, vaig pensar que no hi arribava bé, que me’n voldria fer un altre a fora. Em van demanar que sortís del lavabo, que anéssim a la sala, i jo només pensava “però què diuen? Jo encara no he fet, necessito anar al lavabo!”. No se’m va ni passar pel cap que ja pogués estar a l’expulsiu. A més, l’Àngels no em deia res, jo no sabia què coi m’estava passant! Fins que l’Ester em va dir “toca’t Núria, toca el cap de la teva nena”. Comoooooor?? No m’ho creia, no no i no. I em va dir: “Ara fes TOT el que t’anem dient, em sents? No et descontrolis”. Em vaig posar a to en dos segons! Vam anar a la sala, a sobre el matalàs, i vaig veure que havien portat un mirallet i una llanterna petita. Llavors vaig reaccionar, m’ho vaig creure. No sabia què coi ni com havia passat, però estava a punt de néixer l’Emma! No hi hauria hores eternes de dilatació, no s’estancaria el part, ni marxaria l’Ester, jeje… Li tocava el cap a l’Emma!!!

 

Allà, al matalàs a terra, de genolls, i aguantant‐me a la corda de nusos que penjava del sostre, vaig passar unes quantes contraccions d’aquelles tan i tan bèsties, que em feien cridar com una bèstia de veritat. Vaig entendre tantes coses! Tenia tanta força, tantes ganes, tanta il∙lusió!! Al cap d’una estona vaig dir que volia seure a la cadira, i algú va dir “fantàstic!!”, i algú altre em va dir que guardés l’energia dels crits per empentar, a cada contracció. Vaig pensar que no podria, però sí! I vaig empènyer, i empènyer! I em deien, veus el mirall? Veus el cap? I jo no veia res!! Estava impressionada per la visió dels meus “baixos”, que no em reconeixia! Jeje… En Jordi estava darrere meu, assegut en un tamboret aguantant‐me, deixant‐me els seus genolls per recolzar‐me, callat. No deia res, però el sentia tan a prop! Crec que estava molt impressionat, tan pels crits que feia jo, com per que estava a punt de passar!

 

Un parell d’empentes més… Ara sí, era inconfusible, es veia el caparró!! Uf, quin subidón!! I de cop, crema!! Crema molt, ostres, no puc pas apretar!! El famós anell de foc, sí! El vaig sentir, i el nom li escau perfecte! A la següent contracció va sortir el cap… jo ja no tenia mal, només podia concentar‐me a retenir aquella imatge, aquell moment… Només li veia els cabells i el clatell, però sabia que era qüestió de segons que tingués la meva nena als braços. Em van dir, ara hem d’esperar la següent contracció perquè no et desgarris. I no sé si vaig esperar gaire, però tenia tantes ganes d’acabar, que vaig apretar mentre posava les mans per rebre la meva filla. Va lliscar com un peixet, i la vaig agafar jo, només jo!! I me la vaig mirar, que fort! Que fort!! Jordi, que fort!! Ho he fet, ho hem fet!! Gràcies, gràcies a totes!! Que fort! Jeje… No em van saltar les llàgrimes, només tenia ganes de riure!!! Aquí es va parar tot. Sé que les llevadores anaven amunt i avall, que em van punxar alguna cosa (m’ho van demanar, però no vaig retenir la informació: hi havia molta sang i tenien por d’una hemorràgia), em van posar al matalàs de terra, van netejar una mica, i van esperar que deixés de bategar el cordó. A mi em va semblar molt poca estona, però es veu que va bategar uns 20 minuts! El vaig tallar jo (en Jordi em va demanar que ho fes jo, jo crec que no volia ser el “responsable” de tallar aquest vincle tan físic entre mare i filla. I de seguida vaig expulsar la placenta, sense cap complicació.

 

No sé en quin moment l’Emma es va enganxar al pit, però va ser de seguida! Increïble, acabadeta de sortir del forn i allà enganxada. Ens van deixar sols a tots tres, una bona estona. En Jordi i jo no podíem dir res, sé que ell des de darrere meu em feia petons i carícies, i ens anàvem dient que “que fort”… jaja… que era tan bonica, que quina experiència, que millor no podia haver anat. No vaig poder evitar sentir una pena molt gran, perquè ara sí que sabia què ens havíem perdut en el naixement de l’Èlia, i què s’havia perdut ella en el seu primer contacte amb el món. Però bé, ara era l’Emma, era ella qui ens necessitava.

 

Quan em vaig poder aixecar (em marejava força), vam anar a l’habitació i em van cosir una miqueta. El perineu el tenia intacte, però van haver de fer alguns punts sueltos (em sembla que 4 o 5) , superficials, per dins i per fora, que em van dir que curarien ràpidament. També van pesar l’Emma… jo tenia molta curiositat per veure si realment era “tan gran” com em deien a totes les ecos… doncs sí, la mossa va fer 4.250 kg i 53 cm!

 

I en aquella habitació vam passar la resta del dia, admirant i contemplant la petitona! A la tarda van venir els meus pares i sogra, i portaven l’Èlia. Va entrar ella primer amb en Jordi, i la vaig veure taaaan gran!! Ostres, increïble! Tenia tantes ganes d’abraçar‐la i petonejar‐la! Però ella estava més aviat distant. Va fer un petó a l’Emma, amb els ulls com plats, i se’n va anar cap a fora a buscar els avis. El primer contacte no va ser gaire efusiu, i ara, dues setmanes després, sembla que comença a habituar‐se a la nova situació. De mica en mica. Ara bé, continua fent‐li petons a totes hores, abraçant‐la, i a buscant‐la amb la mirada cada matí quan es desperta.
La recuperació està essent més lenta del que em pensava. Ho tinc pràcticament cicatritzat tot, i m’han tret els punts, però continuo sense poder mantenir‐me de peu molta estona. Sobretot quieta, si camino estic millor. L’Ester m’ha dit que segurament és de tipus muscular, degut a desajustos de la pelvis, per parir una nena tan gran. Que pot passar, i que fa tota la pinta que m’ha tocat, i que pot trigar setmanes, o mesos fins i tot, a recuperar el to normal, i segurament amb l’ajuda d’un osteòpata o fisioterapeuta. No podia ser tot perfecte!! Paciència i prou…

 

CONCLUSIONS

 

Parlant amb les llevadores de Migjorn, em van dir que elles també s’havien sorprès de com havia anat el part. “La banyera és màgica”, em van dir, i també, que els parts amb una cesària anterior tenen coses molt especials. Que en molts casos comencen molt lents, com si el cos volgués fer un entrenament a l’úter, que ferit amb una cicatriu, s’ha de preparar més del normal per suportar les contraccions. Per això els PVDC tenen pròdroms més llargs. I que elles havien arribat a la conclusió que el meu cos em deixava tant temps entre contraccions per la mateixa raó. I que la dilatació tan ràpida (8 cm en dues hores!), va ser un cúmul de factors tipus “ultimàtum” (la possibilitat real d’anar a l’hospital, l’Ester que havia de marxar…), i la banyera, que fa miracles! Jeje…

 

Després d’aquesta experiència, sento de veritat que totes les dones sanes podem parir. I que tenir una cessària anterior no és cap problema si deixem que la naturalesa faci el seu curs. Si el nostre cos ha gestat una criatura sana, amb una cicatriu a l’úter, perquè no l’hem de poder parir? El nostre cos sap com fer‐ho, n’estic convençuda, perquè sí, perquè jo ho he viscut!

12/12/2017

Nacer y Renacer, La llegada de Martina en un PVDC en casa

Mi historia te la escribo a ti Martina, porque ya no es sólo mía, es NUESTRA. Sé que es pronto para que puedas comprender todo lo que voy a contarte, sé que es muy pronto para que la puedas sentir tal y como yo la siento ahora mismo, pero estoy segura que el día que lo hagas te darás cuenta del amor tan infinito que hay en cada palabra que te escribo.

 

Así pues, nuestra historia empieza el día que nació tu hermana Emma. Pensarás que es mucho tiempo atrás, pues hace justo unos tres años. Pero ahora sé que fue ése el día que supe que a ti te vería nacer de otra manera y en otro lugar.

 

Tu hermana, la que tanta vida me da, nació por cesárea, algo que ninguna de las dos nos merecíamos (ésa es otra historia que ya te contaré).  Pero quizá tuvo que ser así para que yo pudiera recorrer éste camino hacia ti, hacia tu llegada.

 

El día 21 de mayo me enteraba que ya estabas formando parte de mí, era increíble, tenías tanta prisa por llegar!!! Fueron pasando las semanas y algo en mi interior me decía que yo no podía verte nacer en un hospital, que no iba a pasar otra vez por una innecesaria y, casi sin darme cuenta, me ví mirando la página web de Néixer a Casa. A medida que me informaba, leía libros, relatos, veía videos, me iba transformando en una Noelia más poderosa y con más confianza. Te he de confesar que en muchos aspectos de mi vida soy y he sido bastante insegura, pero algo se apoderó de mí, una fuerza mayor que me decía y sentía que ibas a nacer en casa y aquella mujer, a veces insegura, dejó de serlo.   Lloraba al ver vídeos de otros partos y me veía yo haciendo lo mismo y cogiéndote entre mis brazos. Aún entonces era un sueño. Pero los sueños, si los vives y crees que “SÓN” acaban siendo una realidad.  Y mi realidad fuiste TÚ.

 

Pasaron los meses y llegaron las últimas semanas de embarazo, feliz de sentirte cada vez más cerca y ansiosa por vivir nuestro momento, nuestro tan deseado momento. Llegaron las 38 semanas, las 39, las 40,… y el miedo empezó a  apoderarse de mí. Aquella mujer segura tenía miedo!? Pues sí, miedo a no ponerme de parto. Ahora, desde la distancia, me parece ridículo… ¿cómo no me iba a poner de parto?! No hay nada más seguro que dentro no te ibas a quedar, pero los miedos a tener que ir a un hospital intentaban vencerme.

Y así, agobiada y presionada por mí misma llegué al jueves 30 de enero.

 

Yo estaba de 40 semanas y 4 días, y desesperada quizá por no saber si mi cuerpo funcionaria, desesperada por no saber si mi cuerpo sabría parir (miedo causado por mi innecesaria) estallé en un sinfín de lágrimas. Tanto lloré que creo que liberé toda aquella energía que tenía prisionera, prisionera de mis miedos. Qué bien me sentaron aquellas lágrimas, porque como si de un dulce baño se tratase me inundó la calma y me relajé.

 

Hacía semanas que lo tenía todo listo y preparado. Limpiaba sobre limpio, ordenaba y volvía a reordenar, revisaba las cosas de la lista que tenía que tener en casa… en fin que, como no había más que hacer si no acabar de disfrutar los días que me quedaban contigo dentro, fuimos en familia a pasear. Recuerdo que me comí un gofre con nutella que me supo a gloria (son aquellos pequeños detalles sin importancia que te quedan grabados para siempre y pasan a ser entrañables). Después, como cada noche, tu papi bañó a Emma mientras yo hacía la cena. Cenamos juntos y me fui a la cama hacia las doce.

Y, como cada noche, me acosté pensando si sucedería algo…

 

Me desperté antes de las 3:00h para hacer un pipi y justo cuando me volvía a meter en la cama me dio mi primera contracción, de esas de verdad. Pensé,… ¿esto ha sido una contracción? Si? No? SI, SÍ lo ha sido! Aquella contracción me sorprendió, no me la esperaba y me encantó. Fue como sentir que me decías “ei mami, que estoy aquí”.

Cerré los ojos pensando si sería la única, aunque feliz por sentirte más cerca.

 

Cuando creí estar de nuevo dormida, otra contracción! Me pregunté, ¿qué hora es? Miré el reloj, eran las 3:10h!!! Sólo habían pasado diez minutos! Sería casualidad,… Intenté dormir. Diez minutos después, otra contracción. Y otra, y otra,… así se iban sucediendo más o menos cada 10-15 minutos, algunas cada 8 u 9 incluso. Aquellas contracciones me hicieron llorar de alegría!!! Síiiii me estaba poniendo de parto! Sabía que era pronto para decirlo porque todavía era pronto, pero no podía evitar emocionarme. Mi cuerpo me había escuchado, sí estaba funcionando! Entonces recordé lo que tantas veces había leído, duerme entre contracciones y descansa. Y yo, obediente de mis recuerdos, así intenté hacerlo.

 

Tu papi dormía tranquilamente y no quise decirle nada. Pero a las 6:00h ya no pude aguantar más de la emoción y le medio desperté contándole que tenía contracciones cada diez minutos. Todavía dormido me dijo “vale” y siguió en su letargo. No insistí, simplemente me reí en silencio.

 

A las 8:00h sonaba el despertador. Por fiiiiiin!!!! Estaba deseando que se enterase tu padre y contárselo a Laia y a Roser. Había ido contando las contracciones con una aplicación del móvil, eran bastante regulares, más o menos cada diez minutos y duraban unos 30 o 40 segundos. Estaba taaaan feliz! La cosa iba muuuy bien! Ya había pedido velitas en AC por si acaso e informé a LJC, que para mí había sido como una doula virtual en aquellas últimas semanas.

 

Seguimos la rutina de cada día, desayunamos, arreglé a Emma y papi la llevó al cole. Mientras, avisé a Roser y a Laia por whatsapp. Iba controlando si las contracciones seguían siendo regulares o bien se distanciaban o se paraban, cosa que durante el día podía pasar. Pero no fue así, una vez estuvo Emma en el cole las contracciones aumentaron de intensidad y de frecuencia, empezaron a ser cada 7, 8 minutos. Bieeeen! No se paraban! No sabes lo viva que me sentía.

 

Y aunque pueda parecer increíble, disfrutaba de cada una de ellas. Me sentía más cerca de ti, de vernos por primera vez.

 

Me sentía enérgica, pletórica, siempre me había sentido preparada para esto. No tenía miedo, no estaba nerviosa, simplemente vivía el momento.

 

Avisé a tu iaia Tere que, como parecía que la cosa estaba en marcha y, aunque seguramente iría para largo, viniese a buscar a Emma a casa después del cole.

 

Mientras, fui reordenando y relimpiando la casa otra vez (yo siempre hasta el último momento en mi línea jeje) y dejando preparado todo lo que seguramente iba a necesitar en unas horas.

 

A las 12’15h. llegaba Emma a casa. Recuerdo que cuando llegó yo estaba tumbada en la cama intentando descansar y dormir un rato, cosa que no conseguí, pues el dolor cada vez era más intenso. Llegó la hora de irse. La miré a los ojos y me despedí de ella dándole muchos besitos y abrazos. Me dio mucha fuerza saber que pronto conocería a su hermana.

 

Serían las 13’30 o 14h, comíamos tranquilamente. Hablábamos ilusionados del día tan esperado, ése día que ya había llegado. A mi ya me costaba estar pendiente de contar las contracciones, así que fue Alex quien se encargó a partir de entonces. Me miraba y casi no hacía falta que le avisara de cuándo venían y cuándo se iban. No recuerdo que comimos, pero sí que ya no me apeteció el postre. Las contracciones eran cada 5-7 minutos, otras quizá cada 4, y ya duraban alrededor de un minuto.

 

Sentía el dolor en la parte baja de mi barriga. Sentía llegar las contracciones, me daban calor.

 

Mientras yo iba y venía por casa, Alex comentaba a Roser y a Laia que las contracciones cada vez me molestaban más. Me recomendaron darme un baño.

 

Y ahí empecé a vivir uno de los momentos más bonitos y dulces de ese día. Llenamos la bañera. Encendí tu velita, la que nos acompañó a las dos toda la noche. Me sumergí, el agua caliente relajaba todo mi cuerpo. Y estando allí en silencio, me contemplé. Estaba viviendo lo que tantas veces había imaginado! Y empecé a creérmelo. Nos quedamos solas, tranquilas, conectándonos. De pronto me sorprendió una música y sentí emoción. Tu papi había estado preparando los altavoces para que la música también nos acompañase.

 

Y a partir de aquí empecé a perder la noción del tiempo. Debieron pasar unas dos horas cuando decidí salir de la bañera. Quería cambiar de posición. Me fui al comedor, paseé, me puse en la pelota,… creo que me empezaba a cambiar la cara y necesitaba acompañar cada contracción con un leve gemido, así parecía que dolía menos.

 

Cada vez era todo más intenso y decidí volver a la bañera con la intención que volviese a darme el descanso que necesitaba.

 

Eran las 17h. No sabíamos si ya había llegado el momento de avisar para que vinieran a casa y, justo antes de meterme en la bañera, Roser llamó a Alex para ver que tal estábamos. Me pasó el teléfono pero apenas pude hablar, las contracciones eran muy seguidas y dolían, vaya si dolían! Así que al escucharme decidieron que venían ya para casa.

 

Llegaron a las 18h., yo seguía en la bañera, se había convertido en mi refugio. Recuerdo que cuando las vi me inundó la calma y me entraron ganas de llorar, pues ahora estaban a mi lado, en mi parto!

 

Ellas, siempre tranquilas y felices, me animaban diciéndome que lo estaba haciendo muy bien. Íbamos escuchando tu corazoncito. Estabas tan feliz dentro de mí, preparándote para salir.

 

Cerraba los ojos y me dejaba llevar. Me dolía mucho. Decía en voz alta que no podía y dudaba de si lo estaba haciendo bien. Quería descansar entre contracciones, dormir un rato, sólo eso, pero eran tan seguidas que no me dejaban. Alex me cuidaba, con palabras de ánimo, dándome de beber zumo de manzana, cubriéndome con agua calentita y dándome fuerza cogiéndome de la mano. De fondo las escuchaba preparar cosas. Otras veces no escuchaba nada, sólo a mí. Ya empezaba a desconectar del mundo, había momentos en los que no estaba en la bañera, viajaba fuera de mí, a otra realidad dónde sólo estábamos nosotras.

 

Estuvimos en la bañera hasta casi las 21 h. Después fuimos a la habitación, me tumbé un rato intentando descansar. Tenía muchas ganas de vomitar, y segundos después lo hice. Les preguntaba que tenía que hacer, no me daba cuenta que mi cuerpo ya lo sabía y actuaba por instinto.

 

Estaba cansada y hacia las 22h decidimos probar la silla de partos. A veces me venían pensamientos como, ¿me quedará mucho? ¿Estaré dilatada? (nunca me hicieron un tacto)… Allí sentada me acompañaba Roser dándome un masaje, yo me apoyaba en ella, después en la cama, agarrando fuerte la mano de Alex. Una fuerza dentro de mí apretaba y me hacía rugir como si de una leona se tratase. De mi interior fluían líquidos que me hacían estar más cerca de ti. En una de esas veces noté como algo se rompía dentro de mí, había roto aguas y eran claras.

 

Eran las 23’15h. cuando me propusieron volver a la cama y me pareció genial. Me subí a cuatro patas y de nuevo volvió la leona. Aquella que antes rugía ahora se mostraba silenciosa, apenas un leve gruñido, pero con más fuerza que nunca. No sé ni como ni porqué pero me encontré con la cabeza hundida entre cojines y mi cuerpo iba y venía solo. No hacía falta pensar, ya sabía que hacer, estaba pujando. Recuerdo el calor de las manos de Laia masajeándome la parte baja de la espalda, una toalla que me intentaba cubrir pero se iba cayendo con mis movimientos, unas sábanas lilas a las que me agarraba con fuerza y unas suaves palabras de ánimo que me iban acariciando.

 

A cada contracción mi cuerpo se mueve pujando suavemente. Estoy concentrada en mí, en nosotras. Ya no necesito coger la mano de Alex. Me dicen que se le ve el pelito y pienso que ya estoy muy cerca de verte. Siento el calor húmedo de una gasa en mi periné, me calma. Empiezo a sentir que tu cabecita quiere salir, muy lentamente, muy despacito, muy suave. Siento una fuerza que nunca antes he tenido y aprieto desde lo más hondo de mi ser. Noto como a cada pujo sale un poquito más de tu cabeza. Me sorprendo de mi misma, me doy cuenta que ya no siento dolor, aunque sí muchas ganas de apretar y dejarte salir. No dejan de repetirme lo bien que lo estoy haciendo y lo poquito que nos queda. Cojo aliento entre contracciones y ahora tu cabecita ya no vuelve a entrar. Estás casi fuera, me quema, me escuece y parece que me vaya a partir, pero no me duele. Me dicen que sale la cabecita hasta los ojos. Te siento casi fuera y me lleno de poder. Descanso. Y en la siguiente contracción vuelvo a sacar el animal que hay en mí y aprieto como nunca y por fin sale toda tu cabecita. Ya estabas aquí, y con la ayuda de Laia acabaste de salir. Eran las 00’40h.

 

Inmediatamente desperté, volví en mí y salí de mi guarida, buscándote, llamándote “ay mi niña”. Te pasaron entre mis piernas y desapareció todo a nuestro alrededor, se paró el mundo y sólo estábamos tú y yo. Mis manos te sujetaban, desprendías calor, un olor dulce, llorabas y yo te besaba, te hablaba, diciéndote “hola mi cosita linda, ay mi vida y mi corazón… pero qué grande y gordita estás”, “¿pero como eres tan bonita tú?”, “ay que lo ha hecho la mama”, “mi sueño, mi sueño hecho realidad”. Y fue en ese mismo instante, en el que te miré a los ojos, cuando sentí que volvía a nacer Emma, nacías tú y renacía ella.

 

Me sentía grande, ya no estaba cansada, ya no me dolía nada, estaba pletórica, eufórica! Quería gritar al mundo que lo había conseguido, que lo había hecho yo sola, que había parido a mi hija!

 

Había magia en aquella habitación, nos besamos y abrazamos todos los que estábamos allí. Se escuchaban llantos y risas, se sentía el amor. Piel con piel.

 

Pasado un rato tu papi cortó el cordón, cuando dejó de latir. Poco después de la 1h alumbré la placenta y Laia y Roser me miraron por si tenía algún desgarro, nada de nada! Otro subidón más! Olé yo! Pesaste 3’900 kg.

 

No me lo creo, a la 1’30h., acabada de parir, me estoy duchando. Tengo hambre y me dan un caldito y batido de placenta. Estás conmigo, con los ojos abiertos y tu cabecita buscando mi pecho, te ayudo, lo encuentras y volvemos a estar unidas.Esa noche no pude dormir, estaba demasiado emocionada y alucinada con lo que había hecho. Era taaan feliz que no había ni hay palabras para poder describirlo.

 

Ahora, nuestra casa, nuestra habitación, nuestra cama, nuestras sabanas, ya no son las mismas. Tienen otro olor, tienen un color diferente, un calor especial.

 

Quisiera dedicar éste relato, éste pedacito de mí a…

 

A ti, mi pequeña Martina, por sanarme y haberme regalado el momento más mágico y grande de mi vida

 

A mi preciosa Emma, por haberme mostrado cuál era el camino que tenía que seguir, sin ti tu hermana no hubiese nacido en casa, rodeada de tanto amor, paz, tranquilidad, respeto, calor y  felicidad.

 

A mi marido, el que tanto confió en mí, el que tanto me apoyó. Él, sólo él sabe lo que esto ha significado para mí, un sueño que empezó siendo mío y acabó siendo de los dos. Le estaré eternamente agradecida por creer en mí, por sentir y saber que podía hacerlo.

 

A mis padres, porque sencillamente siempre confiaron en mi elección.

 

Y… ¿cómo dos personas sin apenas conocerlas acaban teniendo un lugar tan importante en mi vida?! Éstas son Laia y Roser, mis comadronas.  Ellas han sido dulces, atentas, respetuosas, alegres, tranquilas,… Gracias por ello, por acompañarme y ver en mí una diosa poderosa que todo lo puede, por todo ello siempre tendrán un lugar especial en nuestro hogar.

 

Y a tantas mujeres y amigas que me dieron fuerza, a todas ellas gracias por recordarme que “podía”.

 

Noelia Acedo González

12/12/2017

Comments are closed