
Mi cesárea no electiva
Este era mi segundo embarazo. El primero fue parto vaginal un poco largo, en Sant Joan de Déu (Esplugues-Bcn) algo invasivo y muy instrumentalizado. Pero fue vaginal, sí, y nunca imaginé cuánto valor tendría eso para mí en el futuro.
Poco después de tener a mi primer hijo me trasladé a vivir a un pueblo de montaña al pie del Cadí, que por entonces contaba con 4 habitantes. 6 años después volví a quedarme embarazada.
Para este embarazo decidí ir a la Maternitat de Barcelona, pues ofrecen posibilidad de parto natural, con bañera, pelotas, puedes presentar tu plan de parto por escrito y comodidades para que tu parto sea lo más semejante a lo que deseas.
Aún por la distancia que me separaba del Hospital (unos 150 km) yo estaba muy decidida a ir allí a parir. Le contaba a todo el mundo que yo iría a la Maternitat a tener a mi bebé, que todo allí era perfecto… Tenia tanta ilusión!!!!
Empezaron a visitarme en la semana 35. Hice una primera visita guiada con una comadrona majísima. Me enseñó las instalaciones y charlamos un rato sobre cómo se desenvuelven los partos en La Maternitat, que son muy respetuosos, en fin, yo estaba en una nube.
El embarazo iba perfecto, a pesar de tener hipotiroidismo yo me sentía fenomenal, no tenía ni vómitos, ni mareos, sólo una barriga monumental y algún quilo de más.
Mi primera visita en la Maternitat fue con el que parecía un buen médico, aunque me insinuó que estaba “tan gorda porque comía demasiado” alegando que mi enfermedad tiroidea (Hipotiroidismo derivado de Tiroiditis Autoinmune de Hashimoto) nada tenía que ver con mi desmesurado aumento de peso. Comencé el embarazo con 65kg y hacia la semana 36 ya estaba en 85kg. Aún así me mantuvo la dosis de Eutirox que tenía preescrita.
Una noche, antes de acostarme, estando de 38 semanas, me doy cuenta que he perdido el tapón mucoso (BIEEN!!!) se acercaba el momento tan esperado de conocer a este dulce bebé! Tenía contracciones y eran bastante regulares, así que decido ducharme y aviso a mi marido que por la mañana saldremos para el hospital…
De camino a Barcelona muchos dolores, y noté pérdida de agua, así que pensé que igual había alguna fisura en la bolsa. Llegamos a la Maternitat, entrando por urgencias, y me pasan enseguida. Me atiende una comadrona muy estúpida que mira mi historial y va diciendo en voz alta “vaya tuviste problemas en el primer parto” “fórceps, palas, ventosa…” y yo le acompaño“sí y kristeller, y prisas, y oxitocina…”
En fin, dejamos el tema, me hizo un tacto con una tira que comprobaría la existencia de líquido amniótico, me dolió muchísimo y sangré un poco, el resultado dio negativo, y me dijo que “parecía una primeriza” que no estaba de parto, que tenía “mucho cuento y el cuello del útero demasiado largo”.
¡Pero qué persona tan desagradable por favor! La Maternitat empezaba a decepcionarme, pero como en todas partes, hay personal de todo tipo, y bueno, me había tocado una comadrona borde, igual la próxima vez tendría más suerte.
Así que me dio el alta. Pero me quedé en el hospital puesto que eran las 9 de la mañana, y tenía revisión a las 11 con el doctor. Le conté lo de la “falsa alarma” y me hizo otro tacto. Esta vez dolió. Tengo que decir que nunca había sentido un dolor tan intenso en un tacto. Fue como si me estirase del intestino hacia la vagina. Grité. Y me dijo “no grites mujer, si te dolía ¿por qué no lo decías…?” Menudo día llevaban todos en la “Mater” como ellos la llaman…
Tras el “tacto” me dijo que si no me ponía de parto esa misma noche, lo haría al día siguiente. Cosa que no pasó. (poco después me informé y supe que me habían hecho lo que conoce como Maniobra de Hamilton). Nos volvimos a casa y estuve 2 días con un dolor tremendo y sangrando. Llamé a la Maternitat para comunicarlo pero me dijeron que “era muy normal sangrar después de un tacto”
Volví a revisión en la semana 40, esta vez me visitó otra doctora pues el doctor que me había visitado hasta entonces estaba de vacaciones, me dice que mi bebé es macrosoma (gigante) y que pesa ya unos 4’800. Además me salió una especie de dermatitis que según la facultativa era debido a una colesatasis intrahepática gestacional, y sin encargar ningún análisis para confirmar o descartar este diagnóstico, me hicieron firmar la inducción por riesgo.
Me informé acerca de la colestasis, y me aconsejaron que aceptase la inducción, pues era causa justificada para realizarla. A mi me parecía raro que me diagnosticasen una colestasis sin previa analítica, pero pensé que igual no hacía falta por la evidencia de los síntomas…
Llegué el día de la inducción, martes 13 de enero, a las 12 del mediodía, con unos picores horribles, tenía todo el cuerpo lleno de granitos ya no sabía si por la colestasis, o por reacción alérgica (soy alérgica al látex, níquel, cromo y otros..)
Nada más entrar entregué mi plan de parto a la auxiliar que me atendió, “¿qué son esos granitos que tienes?” yo le dije que era por una colestasis… “¿no consta en mi historia? De hecho me hacéis la inducción por este motivo, por lo menos así me lo vendisteis…” A mi comentario la auxiliar me mira desconfiada y lo comenta con la comadrona, lo hablan entre ellas sin comunicarme nada en concreto.
A continuación, me pusieron la vía, y me hicieron el primer tacto, “no tienes ni un dedo…” así que me dijeron que me iban a poner “el globo” que es una sonda incomodísima que se “engancha” en el cuello del útero y lleva una especie de globo al final, el cual llenan de agua y eso según el personal, me haría “dilatar” antes… me tuvieron con esa sonda pegada a mi útero unas 10 horas y yo incomodísima deseando me sacaran esa cosa.
Les informé una y otra vez de mi alérgia al látex, pero no me hacían demasiado caso… Una vez me la sacaron mi suplicio no cesó…me llevé otro maravilloso tacto. “Tienes el cuello cerrado, vamos a hacerte monitores”
Eran las 22h. Tenía picores y mucha hambre, pero no me dejaron comer nada. Hasta ahora el personal era normal, sin pasarse de simpáticas, pero educadas en todo momento. Los monitores marcaban contracciones, pero a mí no me dolían.
En la sala de monitores, compartida por supuesto, estuve con una chica que pagó 70 euros por una habitación individual. “qué suerte tener dinero” pensé…
Pero la cosa empezó a cambiar, cambió el turno y vinieron tres comadronas (creo porque no se presentaron) me hicieron dos tactos más, primero una comadrona, y luego la otra, la tercera estaba como observando, me dijeron que estaba de 3cm pero todavía no había borrado el cuello, así que me pusieron prostglandinas…y me subieron a planta.
En planta me ubicaron en una habitación compartida con una chica que cada dos por tres se sacaba leche con el extractor para sus gemelos, que había tenido el día anterior y que estaban en la incubadora. El entorno no era del todo adecuado y yo estaba muy cansada y dolorida de los tactos, todavía tenía esa sensación incómoda que me había hecho sentir la sonda, (y eso que ya no la llevaba) y yo todo el rato pedía la bañera, aquella maravillosa bañera que me mostraron el primer día en la visita guiada, la bañera para dilatar… pero me daban largas….
Me puse a andar, “tú haz pasillos” me había dicho Inés, una enfermera muy maja. Había dejado de sentir mi cuerpo, no notaba contracciones y eso que según los monitores las tenía, y eran intensas. Yo no notaba nada, sólo sentía cada vez un miedo más grande hacia el personal de la Maternitat, “¿Quién aparecería por la puerta ahora?” “¿Vendrán a hacerme otro tacto de esos sin tacto?”
Pedí la pelota ..y una ducha con agua caliente… me concedieron estos dos deseos como haciéndome un favor. Pedí algo para el picor, tenía más granitos que por la mañana y me estaba poniendo muy nerviosa. Me dijeron que no podían darme nada para el picor, así que me conformé con rascarme, no sin antes decirme que “las habían visto más valientes”
Empecé a sentirme derrotada. Ya ni tenía ganas de andar. Sobre las 5 de la madrugada las contracciones empezaron a ser intensas, así que llamé al timbre y le dije a una enfermera que empezaban a dolerme mucho las contracciones, me bajaron a la sala de dilatación de nuevo. Allí me quitaron las prostglandinas y me hicieron otro tacto, para confirmar, que seguía igual.
Me pusieron las correas y allí me tuvieron en monitores un buen rato. Hacia las 8 de la mañana me pusieron oxitocina porque el parto “no avanzaba”. Sobre las 10 de la mañana me trasladaron a una sala para mí sola, me pusieron la epidural y me dejaron un mando a distancia con el cual yo podía ponerme hasta 3 dosis más de epidural si así lo necesitaba.
En seguida noté que se me durmió media parte del cuerpo, y empezaba a notar contracciones en un lado, así que di al botón las 3 dosis extra de epidural, pero parecía que cada vez tenía más sensibilidad, parecía que la anestesia no surtía efecto.
Al cabo de un rato vino por fin mi doctora, mi camilla era de esas que se transforma en potro, así que quiso hacerme un tacto a ver cómo iba, me dijo que pusiera las piernas sobre el potro pero tenía una pierna muy dormida y la otra muy despierta, así que puse una pierna sobre el potro y la otra pierna se cayó, intenté subirla yo sola puesto que las enfermeras me miraban como si fuese un bicho raro, al fin me ayudaron a instancias de la doctora que dijo muy humanamente “pero cómo estás, si es que no colaboras, cómo quieres dilatar si ni siquera eres capaz de poner una pierna sobre el potro” (sin comentarios…)
En el tacto comprobó que ahora en vez de estar de 3 cm estaba de 2cm, había retrocedido, y me dijo que esperaríamos hasta las 12. Cuando se fueron empecé a notar como se despertaba la pierna que tenía dormida, y ya vi que aquello no era normal. Llamé a la enfermera para que avisase al anestesista y le comenté lo que pasaba, comprobó entonces que el cable que conectaba el mando con las reservas de epidural estaba desconectado, por tanto era imposible que me hiciese efecto alguno.
Me dijeron que iban a buscar más anestesia, por entonces eran casi las 12 y yo ya pedía por favor que me hiciesen cesárea, o lo que sea pero que llevaba casi 24 horas allí sufriendo y no dilataba, y no avanzaba, y ya sufría por mi bebé.
El anestesista movió la vía de la epidural para ver si la anestesia se repartía mejor por ambos lados del cuerpo y me inyectó otra dosis más, al cabo de diez minutos ya me dormía sin quererlo y veía, a ratos, la cara de mi marido mirándome muy preocupado.
Me despertaba y me dormía. Llamé a las comadronas y les pregunté que qué iban a hacer conmigo, si les quedaban más torturas posibles por hacerme y que por favor avisasen a la doctora, pues yo ya no aguantaba más, que en un principio no quería cesárea, pero que aquello era insoportable. Me dijeron que la doctora tenía dos cesáreas y que no podía venir a atenderme.
No lo entendía, yo llevaba 24 horas de inducción, pero se ve que todavía podía esperar más, y hasta me insinuaron que yo era muy impaciente.
Sobre la 1 del mediodía del miércoles 14 de enero, entró la doctora por fin. Me dijo que íbamos a cesárea “pero no porque tú la pidas, sinó porque no avanzas y es la única salida” A mi ya me daba igual, sólo pedía salir viva de La Maternitat, con mi hijo sano y salvo.
Me sacaron de esa sala y me trasladaron a quirófano, se llevaron a mi marido para ponerle una ropa apta para quirófano. Mientras me llevaban a quirófano la doctora alegó que teníamos que ir rápido pues había quedado para comer a las 14h, y acto seguido se tomó dos gelocatiles “avui tinc un mal de cap horrorós” le dijo a mi marido, y no paraba de repetir que la cabeza le iba a explotar…
Una vez entré en quirófano un frío horrible se apoderó de mí, estaba temblando, me pasaron a otra camilla, la cual la inclinaron diciendo que era mejor para la circulación de la sangre, yo tenía la sensación que me caía…Pero muy amables, me dijeron, que no me preocupase por caerme, pues ahora mismo lo solucionaban. Pusieron mis brazos en cruz, y me los ataron a unos soportes que salían de la camilla. Aquello todavía generó más pánico en mi.
La anestesista entró y dijo que iba a buscar otra dosis de epidural (¿pero no había ido antes?) mientras a mí me quitaban la vía de la mano izquierda, para ponerla en el antebrazo derecho, pues según ellos era mejor.
Temblando, sola, con frío y asustada empecé a preguntar por mi marido, “ahora viene” me decían. El quirófano empezó a llenarse de gente muy joven, todos con máscaras, y la puerta del quirófano estaba abierta, conté unas 8 personas dentro del quirófano. (Mi marido contó más pero quiero ser comedida)
Me pusieron esa especie de tela verde para que no veas lo que pasa ahí abajo, y empecé a notar unas consquillas en la barriga. Me dijeron que me ponían yodo. Entonces vi a la comadrona amable de la primera visita, y pensé que ella me ayudaría. Le pedí que fuese a buscar a mi marido, y entonces me dijo que lo sentía mucho, pero que mi marido no podría entrar… yo no entendía nada, en mi plan de parto dejé bien claro que quería que mi marido me acompañase…
”Tinc por, ajuda’m siusplau…tinc molta por…” le dije llorando de miedo y desesperación, pero ella no respondía nada, sólo me miraba.
De repente, me vi sola, rodeada de mucha gente desconocida, llena de cables y agujas, y dos lagrimones gordos cayeron sobre mis mejillas,”¿por qué tuve que ir a parar a ese hospital”, me sentía como un cerdo a punto de entrar al matadero.
Sin esperarlo, noté un dolor muy intenso y afilado en la zona púbica, y grité como nunca había gritado en mi vida, “Aaaahhhh, nooooo!!! No me cortéis aún por favor, esto no, me duele, no estoy dormida, parad!!!” “Socorrooo!!!” “No quiero morir por favor, no me matéis, no investiguéis conmigo, dejadme por favooooooor!!!” “Mi maridooooooo, Agustíiiiii!!!Ajudaaaa!!!”
Noté que me introducían unos tubos en la nariz, y ya no recuerdo nada más.
El silencio.
Mientras tanto mi marido fuera lidiaba, en vano, por entrar a quirófano a por lo menos a darme la mano… Pero no pudo.
Yo grité su nombre tan fuerte que creo que me oyeron en todo el hospital… Según me cuenta mi marido, cuando empecé a gritar, se formó el caos. Salieron de quirófano reclamando a la anestesista, que necesitaban anestesia urgente. La anestesista entró enfadada por que habían empezado a cortarme sin esperarla a ella.
Mi marido lo oía todo desde fuera, de hecho la puerta de quirófano seguía abierta…Empezaron a entrar “batas verdes”, como los llama él, y dice que la puerta del quirófano nunca se cerró. De hecho, añade, que había personal sanitario que salían de otros quirófanos y se paraban en el mío, a mirar desde la puerta…Aquello era un espectáculo.
Me desperté, con mi pequeño en el pecho, yo temblaba y lloraba…me habían roto el alma en mil pedazos, mi marido se veía afectado, había estado llorando, lo vi enseguida, pero me dijo que lo importante es que estábamos todos bien.
Cuando sacaron a mi bebé de quirófano, una comadrona dijo a mi marido que fuese con los pediatras que se disponían a “limpiar y a reanimar” al bebé, él los siguió preocupado y extrañado por el color de piel tan oscura que tenía su hijo, estuvo presente durante la reanimación y mientras le limpiaban los ojos, le cortaron el cordón, lo median…pesaban… entre 6 pediatras y 3 enfermeras. Acto seguido le dijeron que si quería coger al bebé ya podía hacerlo, y así lo hizo.
Estaba envuelto en una tela verde, ya limpio y justo entonces empezó a abrir los ojos, mi marido lo sostenía en el pasillo, entre la incubadora y el quirófano dónde yo estaba. Entonces se le acercó una enfermera y le preguntó si prefería sostener a su hijo ahí, en el pasillo con el frío que hacía, o bien ponerlo en la incubadora donde estaría calentito. Mi marido accedió a lo segundo, pensando que sería lo mejor para su hijo, tal y como decían las comadronas allí presentes.
Me dijo que al despertar de la anestesia tuve un ataque de pánico y que gritaba “Socorrooo..Auxilio…Ayudaaa…deixeu-me en pau desgraciats…!!!”, según dice tuvo que entrar personal a sujetarme pues quería quitarme la vía y golpear a todo el que se me pusiese por delante.
Al cabo de media hora, ya mucho más calmada, me sacaban de quirófano. Allí estábamos, en el pasillo, mi marido de pie, por fin a mi lado, yo adormilada en la camilla y mi hijo al lado en la incubadora.
Fue una enfermera que tiene parientes en Noves de Segre, la que sacó a mi bebé de la incubadora y me lo puso en el pecho, estando yo todavía un poco adormilada. Esa mujer se encaró contra los pediatras y médicos que me atendieron, decían que yo estaba bajo los efectos de los medicamentos y que podía hacerle daño a mi hijo, y ella dijo “pues si le pasa algo a este bebé, yo me haré responsable” A esta mujer le agradeceré infinitamente ese gesto tan humano que tuvo con nosotros. Gracias.
Pase cuatro días de pesadilla en La Maternitat. Nos subieron a planta sobre las 5 de la tarde, y aquella misma tarde tuve un ataque de pánico, con dolores incontenibles en mi barriga y tuvieron que sedarme.
Mi compañera de habitación, en vez de preocuparse por mi estado, pidió un cambio de habitación porque yo era “insoportable” Pagó los 70 euros por su habitación individual y ni siquiera nos dijo adiós.
Nadie me explicaba nada, por qué me dolía tanto, nunca vino la doctora a explicarme cómo había ido mi cesárea, ni los motivos por los que mi marido no entró, nada, cero.
Por lo visto yo debía ser la paciente molestota, porque casi todo el personal parecia molestarse con mis llamadas por el dolor o el picazón de mi dermatitis que cada día era peor.
Cada día se llevaban a mi bebé al nido para cambiarlo, bañarlo, y pesarlo, yo me negué pero me dijeron que era obligatorio, y me lo creí. Me sentía tan hundida al coger en brazos a mi bebé cuando me lo devolvían del nido, era como si hubiese estado llorando un buen rato pobrecito mío, venía rendido. Y yo no había hecho nada para evitarlo, al día siguiente no les dejaría llevarse a mi hijo al nido. Pero al día siguiente aprovecharon un momento que yo dormía para llevárselo, diciendo a mi marido que se lo llevaban a hacerle unas pruebas.
La segunda noche mi bebé lloraba, a mi aún no me había subido la leche, tenía calostro pero por lo visto para las enfermeras no era suficiente. Como mi bebé no se calmaba vinieron tres enfermeras a darle un biberón a mi hijo sí o sí. Yo estaba alucinando.
Entraron y me dijeron textualmente “Vamos a llevarnos a tu hijo al nido y le daremos un biberón porque es evidente que tiene mucha hambre” Tuve que pelearme con ellas porque me trataban como una loca. Empezaron a decirme tonterías como por ejemplo que mi hijo se iba a deshidratar, que yo desvariaba, incluso me amenazaron con inyectarme un sedante pues yo “no parecía estar centrada”
Entre mi marido y yo logramos que no le diesen biberón y que nos dejasen en paz. Aún así nos avisaron que por favor dejásemos dormir al resto de pacientes de la planta, y que si el bebé no se calmaba tendrían que llevárselo para ver qué le pasaba.
Al tercer día, mi urticaria empezó a ser peor, y se me había hinchado la zona de alrededor de la vía. Pedí que me cambiasen la vía porque no soportaba el dolor y el picor. Además de insistir en que viniese un dermatólogo a verme, pues estaba hecha un cromo.
Me decían que para que me viese un dermatólogo, tenían que hacer una “interconsulta” y por lo visto, eso era muy complicado. Entonces pedí que me retirasen la vía, si no venía ningún dermatólogo yo me negaba a llevar la vía, pues era evidente que me hacía reacción, ya fuese por el plástico, las gasas o lo que fuese, tenía todo inflamado.
Me costó mucho conseguirlo, incluso vino a verme una médico residente (según dijo de medicina interna) y me avisó que si sufría una reacción alérgica severa tenían que ponerme otra vía, y que esa ya la llevaba puesta, en fin que me la quitaban bajo mi responsabilidad, y les dije que sí, que me la quitasen, porque estando bajo su responsabilidad ya había sufrido bastante, y no quería sufrir más. Aquella misma tarde me retiraron la via.
Al cabo de un rato vino una enfermera a ponerme Diprogenta, una pomada a base de cortisona para aliviar la urticaria, que por entonces, ya se había apoderado de todo mi cuerpo. Parecía que por fin algo salía bien. Me tenían que aplicar la pomada por todo el cuerpo, cada 4 horas, hasta terminar el tubo, y debía estar ese período de tiempo completamente desnuda en la cama, en la misma habitación compartida.
Aunque en el fondo, ya no podían humillarme más, e incluso las visitas de mi compañera de habitación se quejaron por tenerme como me tenían, desnuda y sin opción a un mínimo de intimidad, y pidieron un cambio de habitación. A ellos también les concedieron dicho cambio, previo pago de 70 euros, por supuesto.
Al cuarto día de ingreso yo ya estaba deseosa de irme a mi casa, pero como no, otro inconveniente…viene una enfermera y nos dice que no nos puede dar el alta porque mi bebé ha perdido 500gr y si no le doy suplemento artificial, no me dejan irme a casa. “¿Cómo? ¿Qué mi hijo ha perdido medio quilo? ¿Y esperáis a hoy para decírmelo? ¿Acaso no lo habéis estado pesando cada día en el nido? ¿Por qué no me lo habíais dicho antes que perdía tanto peso?”
Aquella enfermera me dijo que ella no sabía nada, ciertamente no la había visto antes, así que para qué discutir más. Me quería ir ya. Pensé aquello de (“dame pan y llámame tonto”) y accedí…”Sí, Sí le daré suplemento claro que sí” les dije y me dieron el alta. Qué fácil fue!
Me citaron para la cuarentena y les dije que “Rotundamente no, ya me habéis torturado bastante, el control de la cuarentena lo haré en cualquier otro hospital, me da igual cuál, pero no pienso volver a poner los pies en La Maternitat, por lo menos como paciente”
Y me fui. Nos fuimos, por fin, no me lo podía creer. Salíamos vivos los 3. Con una cicatriz cada uno en un sitio distinto, y una en común, el no haber podido tener un parto respetado, en un hospital que no merece llevar el nombre que lleva. La Maternitat.
Y como así es la vida, de camino a casa, una vez pasado el Túnel del Cadí, me subió la leche (y algo de mi autoestima también) avisé a mi marido que parase en Bellver mismo, y ahí hicimos la primera toma de pecho, me salía la leche a chorro!!
Mi bebé nació con 4’470gr un 14 d enero, nos fuimos de la maternidad el dia 17 de enero, y por entonces pesaba 3’950gr; el 22 de enero ya pesaba 4’300gr. Sin leche artificial. Sin presiones. Con amor, sólo eso.
El 21 de enero me quitaron los puntos de la cesárea. Me costó mucho. Tuve miedo. Por suerte me los quitó una comadrona fantástica y cariñosa que no me hizo nada de daño, en el hospital de la Seu d’Urgell.
Nunca en mi vida había pasado tanto miedo como el día de la cesárea de mi hijo. Me refiero a miedo a morir. Terror, pánico…La Maternitat de Barcelona, hizo que el día más importante y bello de mi vida se convirtiese en una película de terror. Aunque yo aún he tenido suerte pues mi bebé y yo estamos vivos. Traumados, pero vivos.
A la salida de La Maternitat nadie me pidió disculpas por el error del corte en vivo. Tampoco me dieron explicaciones de por qué no se respetó mi plan de parto, ni de si era verdad o no que se había extraviado… Para ellos fui otro caso más de cesárea por fracaso en la inducción al parto, pero para mí fue el peor día de mi vida, el día del nacimiento de mi hijo, porque en el fondo, no fui consciente de que había vuelto a ser madre, hasta que me vi amamantándolo cuatro días después.
Puedo decir que pudieron conmigo, me quitaron mi parto, incluso me quitaron la opción a una cesárea “respetada” pero no me quitaron ni mi lactancia ni mi maternidad. Ahí ya sí que no.
10/12/2017
Innecesària a Sant Pau
Mi innecesaria
Empezaré explicando que mi primer hijo, Fabio, nació en la casa de partos Migjorn en un parto natural, respetado y silencioso muy, muy largo, acompañada por mi hermana, 2 amigas y 3 comadronas, prácticamente a oscuras. ¿Os imagináis un aquelarre? En ese momento no tenía pareja. Fue la experiencia más animal, brutal e intensa de toda mi vida.
Durante mi segundo embarazo todo marchó sobre ruedas hasta el momento en el que me hice la ecografía de las 33 semanas en la que se me informó de que Rocco, mi segundo hijo estaba en podálica. Lloré, me asuste, ante la idea de no poderlo parir en casa tal y como estaba previsto, ya que volvía a repetir con las profesionales de Migjorn pese a nuestra situación económica, pero quería darle la misma bienvenida que al primero. Hice todo lo que estuvo en mi mano para que se diese la vuelta, recé a todos mis difuntos a pesar de no ser creyente, puse velas, me pasaba el día a gatas, bailando, moviéndome, la postura del mahometano, con una linterna le hacía el caminito, le hablábamos y le poníamos música en el bajo vientre…todo y más.
En una comida en casa de mis suegros, cuando la noticia de que estaba al revés aún era reciente y yo estaba bastante afectada, mi suegra (a la que le había ofrecido estar en el parto) se le ocurrió decirme con su marcado acento andaluz: ”Bueno mujer, ahora por eso no pasa nada, te hacen la cesárea y ya está” reventé a llorar en medio de la mesa y a explicar en vano, a personas a las que la cesárea les parece lo mejor del mundo, que es una operación abdominal, una cirugía mayor, que te rajan 7 capas de piel y el útero y que eso no es bueno ni para la madre ni para el niño.
Finalmente lo conseguimos, 3 semanas después, en la semana 36 Rocco estaba en cefálica.
Los días pasaban, las madres del colegio de mi hijo mayor alucinaban diciéndome que como podía sentirme y encontrarme tan bien y cada día me preguntaban ¿Aún no? Así pasaron los días. y luego las semanas… a partir de la semana 40 empecé a ir a monitores, todo perfecto, yo me encontraba genial, super ágil, a partir de la 41 empezamos a mosquearnos, iba día si día no a monitores con Aurora en el Hospital de Sant Pau en Barcelona, seguía todo maravillosamente, bebé bien y yo también, aunque sin ningún atisbo de parto, ni tapón mucoso… alguna noche sentí alguna contracción, me levantaba de la cama, me sentaba en la pelota, me preparaba un chocolate bien cargado con medio kilo de canela y se disipaban las contracciones. Aurora el día en que llegué a 41+4 me habló de la inducción, yo me negué después de que me asegurara que ella no veía ningún riesgo para ninguno de los 2 y me comprometí a ir cada día a monitores, le hablé de que en Migjorn me habían dicho de tomar aceite de ricino y que me habían dicho que era un 100% eficaz, a esas alturas yo tomaba homeopatía, flores de Bach, caminaba un montón, hacía el amor cada día, (recuerdo decirle a mi pareja en broma: ¿Me invitas a unas prostaglandinas?), tomaba chocolate desecho cargado, canela, hacía reflexología, infusiones de frambueso, bailaba etc. La familia y los amigos, llamando cada día (¿ya? ¿ya? ¿Aún no?) Desconectamos todos los teléfonos… sentíamos mucha presión.
Cenas románticas de despedida, fiestas de despedida de barriga…¡TODO!
Pero nada sirvió para ponerme de parto. Pese a todo yo me encontraba genial y bebé parecía que también.
Llegó el día en que se cumplían las 42 semanas, la idea era parir en casa, como ya he dicho, pero como llegué al final del plazo, en Migjorn nos dijeron de ir allí, a la casita de Sant Vicenç de Castellet para tomar el aceite de ricino y podernos controlar con el Sonicaid. Cuando llegamos nos pusimos manos a la obra… 1era toma, 2ª toma, 3ª toma… tapón mucoso fuera.
Al día siguiente, por la mañana Angels, una de las comadronas, nos dijo que nos teníamos que ir al hospital. (El plazo para parir con Migjorn va desde las 38 semanas a la 42, ni un día más). Muy a nuestro pesar y con los 2000€ pagados (la verdad, es que lo del dinero no es lo que más nos duele para nada, pero es un detalle que realmente nos hizo plantearnos el parto en casa y que como os podéis imaginar supuso un esfuerzo importante, dado que no tengo trabajo y éramos una familia de 3 personas y una en camino con un sueldo normalito). Nos fuimos para casa a preparar lo que nos llevábamos al Hospital y a despedirnos de Fabio (mi hijo mayor) y mi hermana.
Hospital de Sant Pau (Barcelona)
A las 15h del día 24 de Noviembre de 2013 llegábamos al Hospital de Sant Pau con sabor agridulce porque al fin y al cabo, sabíamos que de ese día ya no pasaba de conocer al tan esperado Rocco. Expliqué el caso: “Hola, estoy de 42+1 y vengo a que me induzcáis el parto”. ¡Se pusieron las manos a la cabeza!, nos metieron en una sala de partos, nos pusimos música, me pusieron la monitorización y la oxitocina, empezaron a llegar las contracciones tan esperadas… las anhelaba taaaanto. Hasta aquí, todo bien.
Al cabo de 2 horas vino la comadrona a subirme la oxitocina, pero yo ya había empezado a sentir contracciones ritmicas, le pedí que no me la subiera mucho de golpe, le dije que lo pusiera al 3 y que si quería en una hora lo subiera dependiendo de como iba progresando, 1 hora más tarde vino una comadrona a romperme la bolsa, le dije que no, que se puede parir perfectamente con la bolsa intacta y que con Fabio había fisurado bolsa y no parí hasta al cabo de 3 días, me explicó que el niño estaba muy alto y que si rompía la bolsa encajaría la cabeza en la pelvis y que el parto no estaba avanzando, (¡Que el parto no estaba avanzando! A esas alturas yo tenía ya contracciones cada 3 minutos bastante intensas. ¡Si había llegado fresca como una rosa!) hasta 3 veces vino con la misma cantilena, hasta que a la 3ª va la vencida, con el pincho y la palangana, me convenció. Cuando me pinchó la bolsa, tuve una sensación horrible al notar todo ese liquido templado corriendo por mis piernas, claro como el agua, con ese olor tan característico y adictivo, me puse a llorar desconsoladamente imaginando a mi bebé de golpe quedándose sin todo ese liquido… ¡Que sensación tan chunga! La comadrona granadina se medio cachondeaba diciendo:”Ay, vaya…el duelo de la bolsa rota” y se marchó con su palangana con mis aguas y su pincho mágico.
Inmediatamente el latido cardiaco del bebé pasó de 122 a 60. Me asusté, nos asustamos, llamé al timbre, empecé a bailar y a hablar con Rocco mientras seguía llorando y cuando volvió la comadrona se lo reproché: – ¿Mira lo que ha pasado por romperme la bolsa! ¿Lo ves? – entonces ella apagó el aparato de la oxitocina, encendió la luz, convirtió la cama en un potro obstétrico como si de un transformer se tratara y me dijo que me tumbara que la ginecóloga me iba a valorar…yo no entendía nada. Dudé, porque sabía que con la bolsa rota no se deben hacer tactos porque hay riesgo de infección, pero por otro lado pensé que mejor le dejaba ver porque igual continuarían insistiendo y así de paso verían de cuanto estaba ya dilatada y que era multípara y me dejarían tranquila… eran las 19h. A esas alturas no me podía imaginar que eso sería el comienzo de la peor pesadilla de toda mi vida.
Entonces llegó la ginesauro, mastodonte amargado, con ínfulas de grandeza, me metió los dedos por la vagina, me tocó la barriga, me preguntó cuánto mido (147cm, si, soy muy bajita) y me dijo que estaba dilatada de 6cm y sin más dilación me sentenció a cesárea por desproporción, yo no daba crédito, después de haber hecho 2 veces el curso de preparación en Migjorn, haber parido a 4 patas a mi otro hijo y con toooooooda la información que llevaba en la mente, sabiéndome al dedillo lo de las fontanelas y la hormona relaxina, le dije que la maniobra que me había practicado era insuficiente para aseverar tal convicción, que si podía hacerme una ecografía con doppler, me contestó con un “no” rotundo, entonces se fue y volvió con el consentimiento informado para que lo firmara. Yo no sabía qué hacer, llamé a Migjorn y les expliqué me dijeron que me pusiera a subir escaleras, miré a mi alrededor y por allí no había nada para subir, me desesperé, también me dijeron que pusiera la cabeza por debajo de la pelvis empecé a hacerlo… Pero estaba entre la espada y la pared, yo, tan soberbia que pensé que eso nunca me ocurriría, que para eso pagaba 2000€ aunque los tuviera que sacar de debajo de las piedras, que tenía más información que nadie en el mundo, la primera en defender a capa y espada el parto natural, firmé (no sabéis cuanto me arrepiento).
No tenía ninguna referencia de lo que podía medir o pesar el bebé, hacía más de 4 semanas que me habían hecho la última ecografía y todo y con eso sabemos que existe un alto índice de error. Pensé que si la ginecóloga tan convencida estaba de qué existía tal desproporción, prefería la cesárea que unos fórceps o un parto instrumental que pudiera dañar al niño, pensé que en algún momento alguien se daría cuenta de la injusticia que estaban cometiendo y me perdonarían la cesárea.
Pregunté qué quién me iba a practicar la cirugía y me informaron de que la misma ginecóloga, yo me puse a llorar y pregunté cuando era el cambio de turno…no me dio buena espina desde el primer momento, me contestaron que dentro de 8 horas. Nos aseguraron que en media hora llevarían al bebé para hacer piel con piel con el padre y que yo en media hora más me reuniría con ellos. En ese momento lo que quería era terminar cuanto antes con aquel suplicio, con las miradas de desaprobación por haberme atrevido a esperar hasta la semana 42. Mi sensación fue de que me maltrataban por “ir de lista”. Antes de irme, le pedí a Iván que no llamara a nadie hasta que los 2 estuviéramos fuera de quirófano para no asustar. Al cabo del rato vinieron a buscarme 2 celadores simpáticos y guapos con una silla de ruedas, la comadrona que me estuvo atendiendo dijo que yo podía ir a quirófano andando, me llevaron uno de cada brazo por el pasillo mientras se me caían las lagrimas y aguantaba estoica cada contracción (supongo que ya debía estar de unos 8-9cm dilatada, ya eran las 21h). No pude evitar recordar la película Dancer in the dark cuando llevan a Björk a la horca, de hecho, a los celadores les dije que me sentía como si me llevaran al matadero, ellos se rieron y me dijeron que no era para tanto. No me quedó más remedio que entregarme a la Sra Carnicera. Me metieron en la camilla, montaron un show porque llevaba una goma de pelo (no entiendo cuánto daño puede hacer, si ellos llevaban el móvil sonando durante toda la operación), me explicaron que iban a ponerme anestesia raquídea, me preguntaron que pesaba, me puse de lado y me pidieron que me pusiera como un gato enfadado, (Lo del gato enfadado lo recuerdo cada 2×3) pregunté si podían esperar a que el cordón dejara de latir y me miraron como si estuviera loca, que aquello era una cesárea y que no podían estar por tonterías perdiendo el tiempo. (¡Tonterías!) Pedí que no le pusieran la profilaxis en los ojos ni la vitamina k y eso por lo menos lo respetaron. Empezó a hacerme efecto la raquídea, empecé a marearme, lo manifesté me pusieron algo frio en el pecho y me preguntó la anestesista a la que la que le reconocí rapidísimo el acento chileno, si lo notaba, le contesté que no, entonces me lo puso en la frente y ahí sí que lo noté, los que estaban allí empezaron a discutir que sí me habían puesto la anestesia demasiado arriba porque era bajita o si se habían pasado con la dosis, y a ponerme más vías hasta que recuperé la conciencia de nuevo. En mitad de conversaciones jocosas por parte de los médicos, me dí cuenta de que habían desaparecido, había dejado de notar las contracciones que en un principio me habían hecho sentir tan feliz, ya no sentía nada, no me dio tiempo a despedirme de ellas, se habían ido, me dio pena, seguí llorando. Pusieron el parapeto ese que hace que no puedas ver más que una cortina de color azul campo quirúrgico) y me ataron bien fuerte a la camilla, en ese momento supe con certeza que no había vuelta atrás.
En todo este proceso a la ginecóloga la acompañaba una estudiante tan inhumana como la misma, impasible, con media sonrisa. (¿Sabéis las películas de Disney, que normalmente el malo siempre va acompañado de un ayudante? por ej. en la Bella durmiente a Maléfica siempre la acompaña el cuervo o En el rey León, Skar va con la hienas o en la Sirenita, las anguilas de Úrsula?) Empezaron, y yo no podía hacer más que escuchar el pitido de las máquinas y ese ruido de aspiración constante como en el dentista mientras seguían cayéndose las lagrimas en silencio. Oí a mi hijo como hacía un corto “huec” y nada más, no me lo enseñaron, en ese momento grité para que no le pusieran el antibiótico en los ojos (para que no hubiera interferencia visual en nuestro proceso de piel con piel, (ilusa de mi). Empecé a perder otra vez el mundo de vista, pero yo pedía ver a mi hijo, siguieron sin enseñármelo. Oí que me decían que era muy grande, pregunté que había pesado y me dijeron que había sido muy grande, 3,600kg (Mi primer hijo pesó 3.300!!!) que venía con collarcito (como el 60% de los niños, también Fabio vino con una vuelta). Con el mismo tono que se emplea cuando uno quiere que le den las gracias, por haberme hecho una cesárea. Seguí oyendo ese ruido de aspiración y como empezaban a correr por el quirófano, entonces cerré los ojos, (yo aún no sabía lo que estaba pasando) Noté como saltaban encima de mí, temblaba mucho, sentí más frio que nunca en mi vida, sentía que me iba a morir y seguía sin conocer a mi hijo. Una tortura, me sentía como si fuera una víctima de la película Saw. A partir de ahí empezaron a hablarme como si fuera una niña traviesa que se había portado mal en un colegio de monjas desalmadas. Solo se dirigieron a mí para hacerme sentir mal: “Has tenido una atonía uterina y esto te ha pasado por haberte esperado a la semana 42, seguro que has tenido muchas contracciones” -Yo no había tenido contracciones, ¡¡¡por eso fui al hospital!!!- “Te voy a poner una medicina por el recto”. Me enseñaron al niño 5 segundos a más de un metro, súper abrigado y me dijeron que se lo llevaban a su padre a hacer piel con piel. Y volvieron a la carga. “Ahora vamos a llevarte a cuidados intensivos para que te recuperes, has perdido mucha sangre”. Siempre con ese mismo tono de Srta. Rottenmeier. Y yo: ¿Pero y mi hijo? ¿Y la lactancia? A lo que me contestaron: “No, no, no… nada de eso, allí vas a estar 12 horas y el niño no puede estar porque no es un ambiente adecuado para él”. Yo no podía creerme lo que me habían hecho, ¡hacía 2 horas, yo estaba más sana que una manzana y ahora estaba al borde de la muerte! ¿Como me había dejado hacer todo eso? ¿Como son capaces de arrebatarte algo tan bello, único e irrepetible como es el nacimiento y convertirlo en la experiencia más atroz de tu vida? Allí estaba yo, hecha un puto cromo, con 5 vías cogidas en cada mano, llena de cables, con pañales (el aceite de ricino del día anterior seguía haciendo efecto), con una sonda para el pipí y el redón en mi cavidad abdominal, inmobil, con la incertidumbre de no saber que me habían hecho, si me habían extirpado el útero, si podría volverme a quedar embarazada, si aquello tendría secuelas, con la tripa rajada, dolorida, mareada y vacía. Ese vacío horrible. ¡Sin ni siquiera haber podido besar a mi hijo! No podía dejar de comparar las 2 experiencias, mi parto natural anterior y eso. Me había quedado con las ganas de parir como una mujer poderosa, y lo habían convertido en una operación como a quién le quitan un tumor. Me arrebataron la única oportunidad que tenía de darle a mi hijo una bonita bienvenida. Después vino una comadrona igual de asquerosa que el resto a decirme con el mismo tonito: ”Tu hijo está bien, está con su padre y da gracias porque si hubiera estado mal nos lo hubiéramos llevado a neonatología, primero respiraba un poco mal. Si quieres que tu pareja venga a estar contigo el niño se tendrá que quedar en el nido.” Comentario gratuito y completamente prescindible. Le grité: ¿TE HE PEDIDO ALGO?” (Luego leyendo mi historial no pone ni lo de la vuelta de cordón, ni que respiraba mal. APGAR: 10-10-10). Más tarde vino a verme la ginecóloga con su secuaz, y me soltó un rollo del tipo que todo lo que había hecho era por mi bien. Yo ni le contesté, la odiaba (y lo sigo haciendo) con todas mis fuerzas, durante las próximas 12 horas más que pensar en mi hijo (que es lo que se supone que tendría que haber hecho), lo que hice fue pensar en cómo podía vengarme de esa mujer, de todas las torturas que me hubiera gustado hacerle, de como cargármela, quería con todas mis fuerzas que pasara por lo mismo que yo y lloré mucho. Me arrepentí mil veces de no haberme ido antes de que me pincharan la bolsa y de no haber firmado el alta voluntaria en lugar de firmar el consentimiento informado y haberme plantado en Migjorn. Al cabo de varias horas (3,4 o 5… no sé) dejaron bajar a Iván (mi pareja) con Rocco (el bebé), solo estuvieron 15 minutos escasos, porque la comadrona mala los vino a buscar, me lo puse como pude al pecho y no podía hacer otra cosa que llorar y explicarle a Iván por todo lo que había pasado. Tenía la boca seca y un frio de muerte, no me dejaban beber, había un grifo y le pedí a Iván que me pasara agua de boca a boca. Pensaba en mandarinas y horchata. Él, estaba ensimismado mirando a nuestro hijo. Me explicó que le habían llevado al niño y le habían dicho textualmente que estaban haciendo todo lo que podían por mí. Fueron las 12 horas más largas de mi vida, se suponía que debía descansar y no pude ya que un señor se pasó la noche gritando e insultando a las enfermeras. Las enfermeras que me atendieron eran muy buena gente y me sugirieron que pusiera una queja al hospital. Tenía muchísima sed, durante esas 12 horas no me dejaron beber ni comer nada. Las enfermeras me dieron un cubito de hielo con sabor a limón ¡No quería que se acabara nunca, que placer! Fue lo más bonito que hicieron por mi durante toda mi estancia en el hospital.
Por fin llegó el momento en el que me reuní con mis chicos. Me devolvieron a la sala de partos de donde partí antes de ir a quirófano porque no había habitaciones libres. Una vez allí, desnudé a mi hijo, lo olfatee, me lo puse en la teta, lo lamí y le di muchos besos y seguí llorando durante un mes entero cada vez que lo explicaba. Por la puerta apareció Fabio con su jersey de calaveras, sus 5 años y un ramo de flores más grande que él, no puedo evitar llorar cuando recuerdo esa imagen y pensar que de poco se queda sin su mamá. Seguía con oxitocina y morfina intravenosa. Me dolía todo, no me podía mover, cuando nos subían a planta, el camillero soltó: ”Mira que guapito y que cabecita tan redondita, como se nota que ha salido por cesárea”, vamos, me faltó un pelo para no escupirle en la cara.
Otra anécdota, cuando iba a los monitores con Aurora, ella nos dijo que las habitaciones eran individuales, que sabía que era muy bueno para nosotros pero que no tanto para ellos, porque era debido a los recortes y que habían cerrado camas, como iba muy seguido, un día un papá que estaba allí comentó que había ido a visitar a una amiga que había parido en el hospital y que estaba en una habitación de 2, entonces Aurora se retractó y dijo que en un lado eran de 2 y que en el otro eran de una persona y que las individuales las reservaban para las cesáreas. Lo primero que quisieron hacer, nada más llegar a la habitación, que por cierto, era compartida, fue llevarse a Rocco para pesarlo, pero yo no les deje (He de decir que ahí probablemente me equivoqué dado que tengo serias dudas de que realmente pesara 3.600, a los 3 días pesaba 3200), me ofrecieron una cuna y les dije textualmente que se la metieran por el culo. Obviamente con la tristeza que llevaba encima y las pintas, me negué a recibir visitas durante toda mi estancia a excepción de mi hermana y Fabio, y mis suegros porque no quedaba más remedio. De hecho, otro de los comentarios gloriosos fue por parte del padre de Iván que a los pies de la cama y con sorna me preguntó: “Ah, ¿pero es que eso duele?”. Le contesté tan mal que el pobre hombre no volvió a aparecer por allí. A los 2 días vino la ginecóloga con la aprendiz de bruja a quitarme el redón, lo quitó la estudiante en prácticas y tengo la certeza absoluta de que era el primero que quitaba. Yo no me quejé, no fuera a ser que me castigaran de alguna manera.
Me sentía como una leona herida y probablemente lo pagué con todas las batas blancas que entraban en la habitación. También me quitaron la sonda y me dijeron que ya podía levantarme para ir al lavabo. ¡Pero si no podía ni ponerme de lado! Me levanté como pude con todos mis cables escurriéndome entre los brazos de Iván, ¡Que dolor! Sentía que me partía por la mitad, el trayecto al baño se me hacía interminable, llorando y maldiciendo a las personas que me habían hecho eso. A los 3 días me dieron el alta, supongo que para que no diera tanto por el culo, ya que no dejaba que se llevaran al niño a ningún sitio y no era demasiado amable. Fuimos a la sala de pediatría y me dijeron que a mí me daban el alta pero que al niño no porque había perdido mucho peso. ¡Uff! Me comprometí a darle formula y que lo volvería a llevar al cabo de 2 días… no volví más. Muy altiva, me puse mi fular elástico y salí con mi bebé puesto, pasito a pasito. Me dirigí a atención al usuario para pedir mi historial clínico, para posteriormente poner una queja.
Nota graciosa: Las 2 veces que la pediatra vino a mirar a Rocco él se le meó en la cara…chupi! Cuando llegué a casa me puse a mirar cesáreas y atonías uterinas… La gente de mi alrededor me decía, “pues menos mal que no lo tuviste en casa”. Fácil que si hubiera parido en casa sin medicación y sin cirugía eso no me hubiera pasado. Y me pregunto: ¿La atonía no pudo deberse a que me arrancaran la placenta con mala baba? ¿A que no me dejaran ver al bebé y ponérmelo al pecho inmediatamente después de sacarlo? ¿Es probable que falsearan el peso para poder justificar la cesárea? ¿Podría ser que yo, dado que me encontraba mejor que nunca y que el bebé estaba maravillosamente no estuviera de 42 semanas reales? ¿Después de la atonía es factible un parto en casa? Rocco no tenía ningún atisbo de niño de 42 semanas, más bien me daba la sensación de un pelo prematuro… quizá por eso a las 33 semanas aún no se había girado, pero a las 36 si. También me enteré de que en Néixer a Casa sí que atienden partos más allá de la semana 42 y me arrepentí de haber contado con Migjorn en lugar de con ellos. En mi historial pone “Cesárea por PRESUNTA desproporción céfalo-pélvica. La palabra “presunta” se me clava en el alma. Me dijeron que me pasara a la semana por mi CAP para que me quitaran las grapas, hasta al cabo del mes cumplido no pudieron quitármelas todas por que la cicatriz se abría, ya que el tajo me va de ingle a ingle y al hacer el juego ha tardado más en cicatrizarse. ¡A lo mejor se pensaron que iban a sacar a un elefante! Lógicamente he tenido problemas con la lactancia materna y estamos con lactancia mixta. En Migjorn intentan ayudarme pero me da la sensación de que lo hacen porque sienten que me deben algo y no me siento a gusto creo que ya no hay nada que me vincule a ellos. Lo que es prácticamente seguro, es que no volveré a pisar un hospital nunca más en toda la vida…PREFIERO MORIRME EN MI CASA. De la misma manera que si tengo que parir un feto muerto, también prefiero que sea en casa y poderle dar un despedida digna. Ya no me gustaban antes mucho los centros médicos y su personal, pero ahora les he cogido animadversión absoluta, no vuelvo a confiar mi vida en un médico jamás. ¿Porque iba a otorgarle toda la responsabilidad sobre mi vida y la de los míos a alguien para el que no soy más que un numero? ¿A alguien al que si dejo de existir no lo sentirá lo más mínimo ni me echará de menos?
Evidentemente prefiero que todo esto me haya pasado a mí que que a mi hijo le hubiera pasado cualquier cosa, pero de ahí a olvidarlo o dar gracias por que los 2 estamos “bien”, va un trecho. Lamento en el alma no haber podido dar a Rocco la bienvenida que se merecía y que nada más nacer se haya tenido que topar con gente tan fea e irrespetuosa. ¡Menudo susto debió llevarse el pobrecito!
Lo siento mucho por las mujeres que han pasado por lo mismo y que encima les han hecho creer que no son capaces de parir, por suerte, yo tengo la seguridad de que podía.
Siempre que explicaba que a Fabio lo parí en casa y que a Rocco también pensaba parirlo igual, la gente lo primero que me decía era: “Uy, que valiente, yo no sé si me atrevería”. Y yo siempre les contestaba: “A lo que yo no me atrevería es a ir a un hospital”. Ahora puedo hablar con conocimiento de causa.
Y no, no estoy de acuerdo con Machiavello:
Para mí, el fin no justifica los medios.Barcelona, Febrero de 2014.
10/12/2017
PVDC a Dexeus
Hace ya tiempo que quería escribir este mensaje pero van pasando los días y lo voy dejando. Una amiga acaba de parir y me ha recordado mi parto hace 10 meses y he querido compartirlo con vosotras, para dar ánimos a aquellas que tuvieron una primera cesárea y quieren parir.
Yo tuve una cesárea hace 3 años y medio con Ainara. Era inexperta y confié ciegamente en mi ginecólogo. Mirándolo ahora, pienso que podría haber pedido una segunda opinión o haberle dicho que no, pero en ese momento no supe. Cuando me dijo que era cesárea me pasé una semana llorando. Me hicieron la cesárea, mi marido no pudo estar conmigo y se llevaron a la niña, solo la pude ver dos minutos y tuve que esperar un par de horas para volver a verla. Y sé que no era necesaria. Por suerte, mi hija está bien que es lo importante.
Cuando me quedé embarazada del segundo, me cambié de ginecólogo pero estaba con otro que era del mismo equipo. Yo le insistía en que quería parir y él me decía que no me preocupase. Sin embargo, al llegar la semana 30 más o menos, empezó a decirme que al haber tenido una cesárea, lo más probable es que tuviera otra y ya vi que no me iba a dejar parir. Fui a hablar con una comadrona de mi CAP y me dijo lo mismo, que tenía un 99% de posibilidades de tener otra cesárea.
Por suerte, mi amiga Noelia me pasó la información sobre una charla que daba Dona Llum sobre El parto después de cesárea a cargo de Imma Marcos. Fui y me abrieron los ojos. Yo podía decidir, no tenía que dejarlo todo en manos de los médicos. Dicho y hecho. En la semana 37, con un pequeño ataque de locura y con la objeción de mi familia por estar en un estado tan avanzado, me cambié de ginecólogo y me fui a ver a la hermana de una amiga en la Dexeus. Ella confió en mí y me dijo que podía parir, que lo íbamos a intentar. Fue un poco estresante porque me quedaba poco tiempo pero yo estaba convencida de lo que hacía y convencí a mi marido y a mi familia para que confiaran en mí.
En la semana 40 me puse de parto y es el momento más bonito que recuerdo. Aguanté con las contracciones en casa todo lo que pude y luego nos fuimos al hospital. Llegué de 7 centímetros y pedí la epidural. Tiago nació al cabo de dos horas, saqué al niño cuando ya le habían salido la cabeza y los hombros y estuve con mi marido que cortó el cordón. Fue un momento bellísimo y estoy muy agradecida a mi amiga Noelia por darme la información, a Dona Llum por la charla, a mi ginecóloga por confiar en mí y a mi marido por apoyarme.
¡Gracias!
10/12/2017
Naixement de l’Emma a casa de parts – PVDC
Ho hem aconseguit, sí, ho hem aconseguit! El meu tan desitjat PVDC, l’he pogut viure, i li he pogut regalar a la meva segona filla! El camí no ha estat fàcil, i menys encara les dues últimes setmanes, però hi hem arribat. Em sento valenta, tossuda, poderosa, i capaç, molt capaç. Mai més tindré l’ombra del dubte de que “potser jo no puc parir”. Mai més!
ANTECEDENTS
Vaig tenir una cessària necessària fa dos anys. No em va quedar la sensació que hi havia hagut mala praxis, ni que no era una intervenció necessària. Això ho vaig assumir relativament ràpid, i no em va suposar augmentar la desconfiança en els mitjans hospitalaris, al contrari. Però sí que m’havia quedat l’espina de no haver pogut parir, i més, tenint un embaràs conscient com vaig tenir, amb el desig de tenir un part fisiològic. Sí que se’m va quedar el cor oprimit de pensar en la separació immediata al naixement (6 hores), i el posterior ingrés de la meva filla a neonats que, tot i que era necessària per a l’administració de l’antibiòtic per lluitar contra l’estreptococ, tenia un règim de visites (sí, els pares érem “visites”) molt estricte, poc flexible, i poc comprensiu amb la fisiologia i el vincle mare‐nadó. No esperava la lluna en un cove, esperava un funcionament igual a molts hospitals catalans. Mètode cangur i accés les 24 hores, en lloc de una hora cada tres hores, només de dia, en unes cadires incòmodes, en una sala gens acollidora… Això era el que em motivava més, donar a un segon fill una bona benvinguda.
Quan vaig saber que tornava a estar embarassada vaig saber que havia arribat el moment, que m’esperava molta feina, i tenia ganes de fer‐la! Necessitava preparar‐me, agafar confiança i trobar la manera més adient de poder aconseguir un PVDC.
Aviat vaig arribar a la conclusió que a l’hospital on havia nascut l’Èlia, el meu de referència, seria molt difícil aconseguir un part fisiològic, pel fet de tenir una cessària anterior. El protocol deia que els casos com jo havíem de portar monitors continuament des del primer minut, per tant, havia de fer el procés de part estirada en una camilla, cosa que sabia que era el més antinatural del món, i que pràcticament et condemnava a demanar l’epidural, i l’oxitocina a la primera de canvi. A part, de monitorització interna de l’úter, amb trencament de bossa d’aigües a la mínima. Mica en mica vaig anar descobrint que tot això no era necessari, i se’m va quedar gravada una frase que vaig llegir no sé on… “Un PVDC vol les mínimes intervencions”. I tenia la sensació que a l’hospital, per massa precaucions, entorpeixen massa els processos.
L’alternativa era clara: Migjorn, la casa de naixements de Sant Vicenç de Castellet. Ho tenia a la mateixa comarca, tot i que a 45 minuts de casa, i a 10 minuts de l’hospital de Manresa, per si passava alguna cosa, i coneixia gent que hi havia parit, o que ho havia intentat. A la primera visita, l’Àngels, una de les llevadores, la més veterana i cofundadora de Migjorn, quan li vaig dir que clar, que jo tenia una cessària anterior, em va dir “i què?”. Vaig saber que amb aquella gent ens entendríem. Durant els mesos que va durar la preparació al part, que no només eren les “classes” mensuals, sinó també les “visites‐xerrades” amb les llevadores, tot era molt fácil.
No havia de donar explicacions de res del que jo creia, sinó que estàvem en sintonia, creien el mateix que jo, i em donaven una seguretat increïble.
Vaig llegir molt sobre PVDC, a la llista d’apoyocesareas, molts relats de part que acabaven fantàsticament bé a casa o en hospitals que respectaven la fisiologia del part, i jo cada vegada estava més convençuda i més il∙lusionada amb la meva opció. Cal dir que en Jordi ho estava igual que jo, però amb la diferència que ell ho veia tan natural i tan normal que no entenia què hi havia d’anar a fer, tant sovint, a Migjorn… jeje… Però ell estava convençut que podria parir, allà on fos, i a Migjorn també.
L’Ester, la meva llevadora del CAP i amiga, em recolzava en la decisió, i estava previst que també m’acompanyés durant el part.
LES ÚLTIMES SETMANES
Les últimes setmanes, diria que les dues últimes, van ser força dures. El seguiment el continuava fent a la SS, a l’hospital de Manresa, però en cap moment vaig dir que no pariria allà. Per començar, van veure que la nena venia gran, i em van fer repetir la prova del sucre. Va sortir bé, però em van fer fer la corba llarga. També va sortir bé. Evidentment, la nena és gran perquè jo medeixo 1,80 m… A cada visita m’avisaven que al part hauria d’estar monitoritzada, que m’havien d’administrar antibiòtic per l’estreptococ ( i això que aquesta vegada tenia els cultius negatius!!), que era molt perillós esperar massa a casa per aquest tema, que a partir del moment que trenqués la bossa em posarien un “cable” intern per mesurar la pressió exacta de l’úter, etc etc… A cada visita em negava als tactes, precisament per evitar infeccions. A la setmana 40 em van insinuar que segurament no em deixarien passar de la setmana 41, i que com que no els agradava induïr cessàries prèvies, que hauríem de parlar de programar una cessària de nou. Mare meva! Era una batalla psicològica contínua, o almenys jo ho vivia així cada vegada que tenia visita.
El dilluns que complia la 41 em van fer anar a monitors. Em vaig beure un suc i resulta que la nena es movia massa, i el monitor registrava les pulsacions molt altes. Jo ja els hi deia que era perquè la nena es movia molt, però em van fer tornar a la tarda. A la tarda el monitor va sortir perfecte, però resulta que no tenia gaire líquid amniòtic (el límit era 20 i jo estava a 19.4). Les paraules textuals de la ginecòloga van ser: avui tenim 6 parts i no podem, però demà a primera hora induirem el part. Em vaig quedar de pasta de moniato. Nono, no veia arguments sòlids a aquella decisió, i així els hi vaig dir (la resident es va atrevir a dir‐me que en molts llocs, “amb el meu historial” ja m’haurien programat cesària fa una setmana!!!). En Jordi va insinuar si l’error en la mesura podia fer variar els resultats i la decisió, i no el devien entendre, perquè se’l van treure de sobre com si res, mig ofeses. Els vaig dir que no volia una inducció, i em van fer signar un consentiment informat de la no‐inducció. Em van dir que hi tornés l’endemà al matí a primera hora per tornar a fer monitors, i per mirar de convèncer‐me…. a sobre!!!
Vaig sortir d’allà ben esverada, i després de parlar per telèfon amb Migjorn, amb l’Ester, i amb una ginecòloga externa, vaig decidir que no tornaria a posar els peus a l’hospital per cap més visita. Vaig demanar hora per dimecres a un ginecòleg privat per veure el tema del líquid i fer
un monitor, per si havia d’acabar arribant a la 42… Però jo tenia la intuïció que això no passaria.
Aquella nit vaig tenir alguna contracció, però al matí es va parar tot. Em vaig passar el dimarts tranquil∙la, sola a casa, sense pensar massa en res, fent relaxació i convencent‐me que la meva nena estava bé (jo sentia que estava bé! Es movia, tot era normal!), i que ella decidiria sortir aviat. A la tarda vaig estar amb en Jordi, i vam xerrar, vam estar tranquils i sols. Al vespre van tornar les contraccions, i en vaig anar tenint tota la nit. Em deixaven dormir una horeta de tant en tant, però ja no les aguantava al llit estirada. Però al matí es van tornar a parar. Em començava a impacientar… volia que vinguessin de dia, també! El dimecres a la tarda vam anar al ginecòleg privat, i el monitor va sortir perfecte (va registrar 3 contraccions en un quart d’hora…), i em va dir que el líquid era escàs, però normal per estar de 41+2. Em va fer un tacte, estava de 2 cm i el coll mig esborrat, i em va dir que ho tenia tot de cares per poder parir, aviat. Vaig sortir exultant, de la consulta. Estava tan tranquil∙la!! Vam passar per un concessionari i tot (estem mirant de canviar el cotxe), i aquell paio em parlava de sistemes de frenada i jo mirava de dissimular les contraccions… feia bastant riure la situació…!
Vam pujar al cotxe, i les contraccions venien cada 3‐4‐5 minuts. No eren regulars, però eren molt seguides. En Jordi tenia els seus dubtes de si pujar a Cardona o anar a Migjorn directament, però jo volia estar a casa el màxim de temps. A casa, em vaig voler anar a dutxar, pressentint que m’esperava una nit llarga, i me’n vaig adonar que estava molt molla. Ja no hi havia dubte, havia fisurat la bossa… sí, em regalimaven cuixes avall unes aigües de color… d’aigua!! Que feliç que vaig ser!! (trencar aigües verdes va ser el principi del malson en el naixement de l’Èlia).
EL PART
A les 9 vaig posar a dormir a l’Èlia, que pobreta estava molt cansada, i per sort es va adormir de seguida, perquè una contracció que vaig tenir estirada al llit va ser terrible!! Vam sopar amb els meus pares (s’havien de quedar amb la nena), i jo cada 3‐4 minuts havia d’aixecar‐me i respirar, ja feien força mal, però s’aguantaven. A quarts d’ 11 vam trucar a l’Ester, perquè tot i que no eren massa regulars, eren molt seguides, i va venir tan ràpid com va poder. No havia fet massa feina des de la tarda, però definitivament, estava de part!! Vam passar moltes contraccions a l’habitació de l’Èlia (ella dormia a la nostra habitació), sense llum, i jo asseguda al llit (no suportava la pilota!! tantes hores que m’hi havia passat!!). Una estona vaig estar al menjador, per canviar d’aires, i llavors tenia la necessitat d’estar dreta, recolzada al marbre de la cuina o a una cadira, durant les contraccions. Ni l’Ester ni en Jordi ni jo parlàvem, entre contraccions, jo estava bé, disfrutant del procés.
Cap a les dues de la matinada van trucar a Migjorn, i van decidir que era hora de baixar, que si les contraccions s’intensificaven el viatge en cotxe seria massa insuportable. Vam baixar amb el cotxe de l’Ester, conduint en Jordi i jo i l’Ester a darrere. Cap a les tres passades vam arribar a Migjorn. Havia desitjat tant poder arribar fins allà! I ara hi era, en ple treball de part! Estava molt i molt contenta! Si al final acabava a l’hospital, el cop no seria tan dur, almenys havia
disfrutat d’un procés de part normal durant una estona! Jeje… Les llevadores de guàrdia eren l’Àngels i la Cris (llevadora acabada de titular, que feia una residència a Migjorn durant l’estiu).
Vam triar habitació (la més fresca, ens va dir! Estàvem en plena onada de calor!!), i jo vaig continuar a la meva bola. Les contraccions s’espaiaven una mica (eren cada 10 minuts, més o menys), però feien molt més mal. Respirava com m’havien ensenyat, obrint bé la gola i dient Aaaaaaahhh…. fins a acabar l’aire, visualitzant‐lo, dirigint‐lo al centre del dolor. I la veritat és que m’ajudava a passar‐les. No em resistia al dolor, m’hi intentava capbussar, pensant sempre que quedava una contracció menys per veure la meva nena! Em deixaven al meu aire, ningú em deia res, i jo ho agraïa. Anava del llit al matalàs de la sala de parts, que era com més bé estava, amb les cames estirades, ja que amb cada contracció em feien un mal terrible les cuixes, com unes rampes molt bèsties, per les quals no estava preparada… De tant en tant escoltaven el cor de l’Emma, però jo gairebé ni me n’adonava. Sempre estava bé, la nena responia perfecte al part! A les 6 del matí li vaig dir a l’Àngels que necessitava saber si havia avançat gaire. Ella va accedir a fer‐me un tacte, tot i que no n’és gaire partidària, i em va dir que ja tenia el coll esborrat, força baix, i que continuava amb 2 cm… No m’ho podia creure! No havia fet res??? Des de la tarda a la consulta del ginecòleg, només havia esborrat el coll??? L’Ester em deia que ja tenia el més difícil fet, però a mi em costava acceptar que amb 11 hores de contraccions “només” hagués esborrat el coll!! Sabia que podien ser moltíssimes hores més, i em vaig anar desmoralitzant.
Vam decidir omplir la banyera, a veure si canviava el xip, i les contraccions es passaven millor. No. No va ser així. Continuaven fent molt mal, i a més, em venia molta son, molta. Les contraccions eren molt espaiades, entre 10 i 15 minuts! Sabia que no anava per bon camí, i la meva ment racional va començar a pensar massa… a pensar que si allò continuava amb aquell ritme i aquella intensitat, no podria suportar‐ho. Tenia l’àngel i el dimoni dient‐me un per un cantó, que havia arribat fins allà, que ho havia intentat, i que no passava res per anar a l’hospital (no m’ho creia ni jo!!), i de l’altra banda, l’altre que m’anava dient que feia dos anys que lluitava per allò, que la nena estava bé, i que havia d’aguantar!
L’Ester em va veure preocupada i em va “manar” que verbalitzés el que pensava (em coneix més bé del que jo creia!). Li vaig explicar el meu debat intern i tan ella com en Jordi em van dir que el que jo decidís estaria bé, i que m’estimarien igual… jeje… A part, jo veia que s’estava començant a fer de dia, i tenia por que el part s’estanqués com havia passat els dos dies anteriors… En aquell moment l’Ester em va dir que ella hauria de marxar cap a quarts de nou del matí, i que ja tornaria quan pugués. Allò també em va xocar… Confiava plenament en les llevadores de Migjorn, però l’Ester estava lluny de ser la meva llevadora, era la meva amiga, el meu referent del part, ella em coneixia i em sabia orientar. Em Jordi em donava tot el suport moral, però l’Ester era la part més racional dels meus acompanyants, i potser per això m’hi sentia tan propera.
I mentrestant, pensava en tants relats de parts que havia llegit on hi havia banyeres, i lo fantàstiques que eren, a tothom li anava tan bé l’aigua calenta… i perquè a mi no?? Em feien més mal, punyeta!!
A les 8 del matí portava dues hores en remull, i ja n’estava cansada. Vaig sortir de la banyera, i els hi vaig dir que havia d’anar al labavo… Tenia moltes ganes d’anar de ventre, i em vaig tancar al lavabo. Allà em va enganxar una contracció…. maaaaare meva!!! No la podia respirar, no sabia què coi havia passat, alguna cosa se m’estava trencant per dins! Que bèstia!! El crit que vaig fer no el vaig reconèixer ni jo, em semblava increïble que aquell crit hagués sortit de mi!! Van entrar l’Ester i la Cris amb els ulls com plats, i van anar a buscar l’Àngels. I jo,” res, res, que encara no he fet, deixeu‐me sola!!”, i la següent contracció, igual de bèstia! Va entrar l’Àngels i sense dir massa res em va fer un tacte (jo asseguda a la tassa!). Com que va anar molt ràpid, vaig pensar que no hi arribava bé, que me’n voldria fer un altre a fora. Em van demanar que sortís del lavabo, que anéssim a la sala, i jo només pensava “però què diuen? Jo encara no he fet, necessito anar al lavabo!”. No se’m va ni passar pel cap que ja pogués estar a l’expulsiu. A més, l’Àngels no em deia res, jo no sabia què coi m’estava passant! Fins que l’Ester em va dir “toca’t Núria, toca el cap de la teva nena”. Comoooooor?? No m’ho creia, no no i no. I em va dir: “Ara fes TOT el que t’anem dient, em sents? No et descontrolis”. Em vaig posar a to en dos segons! Vam anar a la sala, a sobre el matalàs, i vaig veure que havien portat un mirallet i una llanterna petita. Llavors vaig reaccionar, m’ho vaig creure. No sabia què coi ni com havia passat, però estava a punt de néixer l’Emma! No hi hauria hores eternes de dilatació, no s’estancaria el part, ni marxaria l’Ester, jeje… Li tocava el cap a l’Emma!!!
Allà, al matalàs a terra, de genolls, i aguantant‐me a la corda de nusos que penjava del sostre, vaig passar unes quantes contraccions d’aquelles tan i tan bèsties, que em feien cridar com una bèstia de veritat. Vaig entendre tantes coses! Tenia tanta força, tantes ganes, tanta il∙lusió!! Al cap d’una estona vaig dir que volia seure a la cadira, i algú va dir “fantàstic!!”, i algú altre em va dir que guardés l’energia dels crits per empentar, a cada contracció. Vaig pensar que no podria, però sí! I vaig empènyer, i empènyer! I em deien, veus el mirall? Veus el cap? I jo no veia res!! Estava impressionada per la visió dels meus “baixos”, que no em reconeixia! Jeje… En Jordi estava darrere meu, assegut en un tamboret aguantant‐me, deixant‐me els seus genolls per recolzar‐me, callat. No deia res, però el sentia tan a prop! Crec que estava molt impressionat, tan pels crits que feia jo, com per que estava a punt de passar!
Un parell d’empentes més… Ara sí, era inconfusible, es veia el caparró!! Uf, quin subidón!! I de cop, crema!! Crema molt, ostres, no puc pas apretar!! El famós anell de foc, sí! El vaig sentir, i el nom li escau perfecte! A la següent contracció va sortir el cap… jo ja no tenia mal, només podia concentar‐me a retenir aquella imatge, aquell moment… Només li veia els cabells i el clatell, però sabia que era qüestió de segons que tingués la meva nena als braços. Em van dir, ara hem d’esperar la següent contracció perquè no et desgarris. I no sé si vaig esperar gaire, però tenia tantes ganes d’acabar, que vaig apretar mentre posava les mans per rebre la meva filla. Va lliscar com un peixet, i la vaig agafar jo, només jo!! I me la vaig mirar, que fort! Que fort!! Jordi, que fort!! Ho he fet, ho hem fet!! Gràcies, gràcies a totes!! Que fort! Jeje… No em van saltar les llàgrimes, només tenia ganes de riure!!! Aquí es va parar tot. Sé que les llevadores anaven amunt i avall, que em van punxar alguna cosa (m’ho van demanar, però no vaig retenir la informació: hi havia molta sang i tenien por d’una hemorràgia), em van posar al matalàs de terra, van netejar una mica, i van esperar que deixés de bategar el cordó. A mi em va semblar molt poca estona, però es veu que va bategar uns 20 minuts! El vaig tallar jo (en Jordi em va demanar que ho fes jo, jo crec que no volia ser el “responsable” de tallar aquest vincle tan físic entre mare i filla. I de seguida vaig expulsar la placenta, sense cap complicació.
No sé en quin moment l’Emma es va enganxar al pit, però va ser de seguida! Increïble, acabadeta de sortir del forn i allà enganxada. Ens van deixar sols a tots tres, una bona estona. En Jordi i jo no podíem dir res, sé que ell des de darrere meu em feia petons i carícies, i ens anàvem dient que “que fort”… jaja… que era tan bonica, que quina experiència, que millor no podia haver anat. No vaig poder evitar sentir una pena molt gran, perquè ara sí que sabia què ens havíem perdut en el naixement de l’Èlia, i què s’havia perdut ella en el seu primer contacte amb el món. Però bé, ara era l’Emma, era ella qui ens necessitava.
Quan em vaig poder aixecar (em marejava força), vam anar a l’habitació i em van cosir una miqueta. El perineu el tenia intacte, però van haver de fer alguns punts sueltos (em sembla que 4 o 5) , superficials, per dins i per fora, que em van dir que curarien ràpidament. També van pesar l’Emma… jo tenia molta curiositat per veure si realment era “tan gran” com em deien a totes les ecos… doncs sí, la mossa va fer 4.250 kg i 53 cm!
I en aquella habitació vam passar la resta del dia, admirant i contemplant la petitona! A la tarda van venir els meus pares i sogra, i portaven l’Èlia. Va entrar ella primer amb en Jordi, i la vaig veure taaaan gran!! Ostres, increïble! Tenia tantes ganes d’abraçar‐la i petonejar‐la! Però ella estava més aviat distant. Va fer un petó a l’Emma, amb els ulls com plats, i se’n va anar cap a fora a buscar els avis. El primer contacte no va ser gaire efusiu, i ara, dues setmanes després, sembla que comença a habituar‐se a la nova situació. De mica en mica. Ara bé, continua fent‐li petons a totes hores, abraçant‐la, i a buscant‐la amb la mirada cada matí quan es desperta.
La recuperació està essent més lenta del que em pensava. Ho tinc pràcticament cicatritzat tot, i m’han tret els punts, però continuo sense poder mantenir‐me de peu molta estona. Sobretot quieta, si camino estic millor. L’Ester m’ha dit que segurament és de tipus muscular, degut a desajustos de la pelvis, per parir una nena tan gran. Que pot passar, i que fa tota la pinta que m’ha tocat, i que pot trigar setmanes, o mesos fins i tot, a recuperar el to normal, i segurament amb l’ajuda d’un osteòpata o fisioterapeuta. No podia ser tot perfecte!! Paciència i prou…
CONCLUSIONS
Parlant amb les llevadores de Migjorn, em van dir que elles també s’havien sorprès de com havia anat el part. “La banyera és màgica”, em van dir, i també, que els parts amb una cesària anterior tenen coses molt especials. Que en molts casos comencen molt lents, com si el cos volgués fer un entrenament a l’úter, que ferit amb una cicatriu, s’ha de preparar més del normal per suportar les contraccions. Per això els PVDC tenen pròdroms més llargs. I que elles havien arribat a la conclusió que el meu cos em deixava tant temps entre contraccions per la mateixa raó. I que la dilatació tan ràpida (8 cm en dues hores!), va ser un cúmul de factors tipus “ultimàtum” (la possibilitat real d’anar a l’hospital, l’Ester que havia de marxar…), i la banyera, que fa miracles! Jeje…
Després d’aquesta experiència, sento de veritat que totes les dones sanes podem parir. I que tenir una cessària anterior no és cap problema si deixem que la naturalesa faci el seu curs. Si el nostre cos ha gestat una criatura sana, amb una cicatriu a l’úter, perquè no l’hem de poder parir? El nostre cos sap com fer‐ho, n’estic convençuda, perquè sí, perquè jo ho he viscut!
12/12/2017
Nacer y Renacer, La llegada de Martina en un PVDC en casa
Mi historia te la escribo a ti Martina, porque ya no es sólo mía, es NUESTRA. Sé que es pronto para que puedas comprender todo lo que voy a contarte, sé que es muy pronto para que la puedas sentir tal y como yo la siento ahora mismo, pero estoy segura que el día que lo hagas te darás cuenta del amor tan infinito que hay en cada palabra que te escribo.
Así pues, nuestra historia empieza el día que nació tu hermana Emma. Pensarás que es mucho tiempo atrás, pues hace justo unos tres años. Pero ahora sé que fue ése el día que supe que a ti te vería nacer de otra manera y en otro lugar.
Tu hermana, la que tanta vida me da, nació por cesárea, algo que ninguna de las dos nos merecíamos (ésa es otra historia que ya te contaré). Pero quizá tuvo que ser así para que yo pudiera recorrer éste camino hacia ti, hacia tu llegada.
El día 21 de mayo me enteraba que ya estabas formando parte de mí, era increíble, tenías tanta prisa por llegar!!! Fueron pasando las semanas y algo en mi interior me decía que yo no podía verte nacer en un hospital, que no iba a pasar otra vez por una innecesaria y, casi sin darme cuenta, me ví mirando la página web de Néixer a Casa. A medida que me informaba, leía libros, relatos, veía videos, me iba transformando en una Noelia más poderosa y con más confianza. Te he de confesar que en muchos aspectos de mi vida soy y he sido bastante insegura, pero algo se apoderó de mí, una fuerza mayor que me decía y sentía que ibas a nacer en casa y aquella mujer, a veces insegura, dejó de serlo. Lloraba al ver vídeos de otros partos y me veía yo haciendo lo mismo y cogiéndote entre mis brazos. Aún entonces era un sueño. Pero los sueños, si los vives y crees que “SÓN” acaban siendo una realidad. Y mi realidad fuiste TÚ.
Pasaron los meses y llegaron las últimas semanas de embarazo, feliz de sentirte cada vez más cerca y ansiosa por vivir nuestro momento, nuestro tan deseado momento. Llegaron las 38 semanas, las 39, las 40,… y el miedo empezó a apoderarse de mí. Aquella mujer segura tenía miedo!? Pues sí, miedo a no ponerme de parto. Ahora, desde la distancia, me parece ridículo… ¿cómo no me iba a poner de parto?! No hay nada más seguro que dentro no te ibas a quedar, pero los miedos a tener que ir a un hospital intentaban vencerme.
Y así, agobiada y presionada por mí misma llegué al jueves 30 de enero.
Yo estaba de 40 semanas y 4 días, y desesperada quizá por no saber si mi cuerpo funcionaria, desesperada por no saber si mi cuerpo sabría parir (miedo causado por mi innecesaria) estallé en un sinfín de lágrimas. Tanto lloré que creo que liberé toda aquella energía que tenía prisionera, prisionera de mis miedos. Qué bien me sentaron aquellas lágrimas, porque como si de un dulce baño se tratase me inundó la calma y me relajé.
Hacía semanas que lo tenía todo listo y preparado. Limpiaba sobre limpio, ordenaba y volvía a reordenar, revisaba las cosas de la lista que tenía que tener en casa… en fin que, como no había más que hacer si no acabar de disfrutar los días que me quedaban contigo dentro, fuimos en familia a pasear. Recuerdo que me comí un gofre con nutella que me supo a gloria (son aquellos pequeños detalles sin importancia que te quedan grabados para siempre y pasan a ser entrañables). Después, como cada noche, tu papi bañó a Emma mientras yo hacía la cena. Cenamos juntos y me fui a la cama hacia las doce.
Y, como cada noche, me acosté pensando si sucedería algo…
Me desperté antes de las 3:00h para hacer un pipi y justo cuando me volvía a meter en la cama me dio mi primera contracción, de esas de verdad. Pensé,… ¿esto ha sido una contracción? Si? No? SI, SÍ lo ha sido! Aquella contracción me sorprendió, no me la esperaba y me encantó. Fue como sentir que me decías “ei mami, que estoy aquí”.
Cerré los ojos pensando si sería la única, aunque feliz por sentirte más cerca.
Cuando creí estar de nuevo dormida, otra contracción! Me pregunté, ¿qué hora es? Miré el reloj, eran las 3:10h!!! Sólo habían pasado diez minutos! Sería casualidad,… Intenté dormir. Diez minutos después, otra contracción. Y otra, y otra,… así se iban sucediendo más o menos cada 10-15 minutos, algunas cada 8 u 9 incluso. Aquellas contracciones me hicieron llorar de alegría!!! Síiiii me estaba poniendo de parto! Sabía que era pronto para decirlo porque todavía era pronto, pero no podía evitar emocionarme. Mi cuerpo me había escuchado, sí estaba funcionando! Entonces recordé lo que tantas veces había leído, duerme entre contracciones y descansa. Y yo, obediente de mis recuerdos, así intenté hacerlo.
Tu papi dormía tranquilamente y no quise decirle nada. Pero a las 6:00h ya no pude aguantar más de la emoción y le medio desperté contándole que tenía contracciones cada diez minutos. Todavía dormido me dijo “vale” y siguió en su letargo. No insistí, simplemente me reí en silencio.
A las 8:00h sonaba el despertador. Por fiiiiiin!!!! Estaba deseando que se enterase tu padre y contárselo a Laia y a Roser. Había ido contando las contracciones con una aplicación del móvil, eran bastante regulares, más o menos cada diez minutos y duraban unos 30 o 40 segundos. Estaba taaaan feliz! La cosa iba muuuy bien! Ya había pedido velitas en AC por si acaso e informé a LJC, que para mí había sido como una doula virtual en aquellas últimas semanas.
Seguimos la rutina de cada día, desayunamos, arreglé a Emma y papi la llevó al cole. Mientras, avisé a Roser y a Laia por whatsapp. Iba controlando si las contracciones seguían siendo regulares o bien se distanciaban o se paraban, cosa que durante el día podía pasar. Pero no fue así, una vez estuvo Emma en el cole las contracciones aumentaron de intensidad y de frecuencia, empezaron a ser cada 7, 8 minutos. Bieeeen! No se paraban! No sabes lo viva que me sentía.
Y aunque pueda parecer increíble, disfrutaba de cada una de ellas. Me sentía más cerca de ti, de vernos por primera vez.
Me sentía enérgica, pletórica, siempre me había sentido preparada para esto. No tenía miedo, no estaba nerviosa, simplemente vivía el momento.
Avisé a tu iaia Tere que, como parecía que la cosa estaba en marcha y, aunque seguramente iría para largo, viniese a buscar a Emma a casa después del cole.
Mientras, fui reordenando y relimpiando la casa otra vez (yo siempre hasta el último momento en mi línea jeje) y dejando preparado todo lo que seguramente iba a necesitar en unas horas.
A las 12’15h. llegaba Emma a casa. Recuerdo que cuando llegó yo estaba tumbada en la cama intentando descansar y dormir un rato, cosa que no conseguí, pues el dolor cada vez era más intenso. Llegó la hora de irse. La miré a los ojos y me despedí de ella dándole muchos besitos y abrazos. Me dio mucha fuerza saber que pronto conocería a su hermana.
Serían las 13’30 o 14h, comíamos tranquilamente. Hablábamos ilusionados del día tan esperado, ése día que ya había llegado. A mi ya me costaba estar pendiente de contar las contracciones, así que fue Alex quien se encargó a partir de entonces. Me miraba y casi no hacía falta que le avisara de cuándo venían y cuándo se iban. No recuerdo que comimos, pero sí que ya no me apeteció el postre. Las contracciones eran cada 5-7 minutos, otras quizá cada 4, y ya duraban alrededor de un minuto.
Sentía el dolor en la parte baja de mi barriga. Sentía llegar las contracciones, me daban calor.
Mientras yo iba y venía por casa, Alex comentaba a Roser y a Laia que las contracciones cada vez me molestaban más. Me recomendaron darme un baño.
Y ahí empecé a vivir uno de los momentos más bonitos y dulces de ese día. Llenamos la bañera. Encendí tu velita, la que nos acompañó a las dos toda la noche. Me sumergí, el agua caliente relajaba todo mi cuerpo. Y estando allí en silencio, me contemplé. Estaba viviendo lo que tantas veces había imaginado! Y empecé a creérmelo. Nos quedamos solas, tranquilas, conectándonos. De pronto me sorprendió una música y sentí emoción. Tu papi había estado preparando los altavoces para que la música también nos acompañase.
Y a partir de aquí empecé a perder la noción del tiempo. Debieron pasar unas dos horas cuando decidí salir de la bañera. Quería cambiar de posición. Me fui al comedor, paseé, me puse en la pelota,… creo que me empezaba a cambiar la cara y necesitaba acompañar cada contracción con un leve gemido, así parecía que dolía menos.
Cada vez era todo más intenso y decidí volver a la bañera con la intención que volviese a darme el descanso que necesitaba.
Eran las 17h. No sabíamos si ya había llegado el momento de avisar para que vinieran a casa y, justo antes de meterme en la bañera, Roser llamó a Alex para ver que tal estábamos. Me pasó el teléfono pero apenas pude hablar, las contracciones eran muy seguidas y dolían, vaya si dolían! Así que al escucharme decidieron que venían ya para casa.
Llegaron a las 18h., yo seguía en la bañera, se había convertido en mi refugio. Recuerdo que cuando las vi me inundó la calma y me entraron ganas de llorar, pues ahora estaban a mi lado, en mi parto!
Ellas, siempre tranquilas y felices, me animaban diciéndome que lo estaba haciendo muy bien. Íbamos escuchando tu corazoncito. Estabas tan feliz dentro de mí, preparándote para salir.
Cerraba los ojos y me dejaba llevar. Me dolía mucho. Decía en voz alta que no podía y dudaba de si lo estaba haciendo bien. Quería descansar entre contracciones, dormir un rato, sólo eso, pero eran tan seguidas que no me dejaban. Alex me cuidaba, con palabras de ánimo, dándome de beber zumo de manzana, cubriéndome con agua calentita y dándome fuerza cogiéndome de la mano. De fondo las escuchaba preparar cosas. Otras veces no escuchaba nada, sólo a mí. Ya empezaba a desconectar del mundo, había momentos en los que no estaba en la bañera, viajaba fuera de mí, a otra realidad dónde sólo estábamos nosotras.
Estuvimos en la bañera hasta casi las 21 h. Después fuimos a la habitación, me tumbé un rato intentando descansar. Tenía muchas ganas de vomitar, y segundos después lo hice. Les preguntaba que tenía que hacer, no me daba cuenta que mi cuerpo ya lo sabía y actuaba por instinto.
Estaba cansada y hacia las 22h decidimos probar la silla de partos. A veces me venían pensamientos como, ¿me quedará mucho? ¿Estaré dilatada? (nunca me hicieron un tacto)… Allí sentada me acompañaba Roser dándome un masaje, yo me apoyaba en ella, después en la cama, agarrando fuerte la mano de Alex. Una fuerza dentro de mí apretaba y me hacía rugir como si de una leona se tratase. De mi interior fluían líquidos que me hacían estar más cerca de ti. En una de esas veces noté como algo se rompía dentro de mí, había roto aguas y eran claras.
Eran las 23’15h. cuando me propusieron volver a la cama y me pareció genial. Me subí a cuatro patas y de nuevo volvió la leona. Aquella que antes rugía ahora se mostraba silenciosa, apenas un leve gruñido, pero con más fuerza que nunca. No sé ni como ni porqué pero me encontré con la cabeza hundida entre cojines y mi cuerpo iba y venía solo. No hacía falta pensar, ya sabía que hacer, estaba pujando. Recuerdo el calor de las manos de Laia masajeándome la parte baja de la espalda, una toalla que me intentaba cubrir pero se iba cayendo con mis movimientos, unas sábanas lilas a las que me agarraba con fuerza y unas suaves palabras de ánimo que me iban acariciando.
A cada contracción mi cuerpo se mueve pujando suavemente. Estoy concentrada en mí, en nosotras. Ya no necesito coger la mano de Alex. Me dicen que se le ve el pelito y pienso que ya estoy muy cerca de verte. Siento el calor húmedo de una gasa en mi periné, me calma. Empiezo a sentir que tu cabecita quiere salir, muy lentamente, muy despacito, muy suave. Siento una fuerza que nunca antes he tenido y aprieto desde lo más hondo de mi ser. Noto como a cada pujo sale un poquito más de tu cabeza. Me sorprendo de mi misma, me doy cuenta que ya no siento dolor, aunque sí muchas ganas de apretar y dejarte salir. No dejan de repetirme lo bien que lo estoy haciendo y lo poquito que nos queda. Cojo aliento entre contracciones y ahora tu cabecita ya no vuelve a entrar. Estás casi fuera, me quema, me escuece y parece que me vaya a partir, pero no me duele. Me dicen que sale la cabecita hasta los ojos. Te siento casi fuera y me lleno de poder. Descanso. Y en la siguiente contracción vuelvo a sacar el animal que hay en mí y aprieto como nunca y por fin sale toda tu cabecita. Ya estabas aquí, y con la ayuda de Laia acabaste de salir. Eran las 00’40h.
Inmediatamente desperté, volví en mí y salí de mi guarida, buscándote, llamándote “ay mi niña”. Te pasaron entre mis piernas y desapareció todo a nuestro alrededor, se paró el mundo y sólo estábamos tú y yo. Mis manos te sujetaban, desprendías calor, un olor dulce, llorabas y yo te besaba, te hablaba, diciéndote “hola mi cosita linda, ay mi vida y mi corazón… pero qué grande y gordita estás”, “¿pero como eres tan bonita tú?”, “ay que lo ha hecho la mama”, “mi sueño, mi sueño hecho realidad”. Y fue en ese mismo instante, en el que te miré a los ojos, cuando sentí que volvía a nacer Emma, nacías tú y renacía ella.
Me sentía grande, ya no estaba cansada, ya no me dolía nada, estaba pletórica, eufórica! Quería gritar al mundo que lo había conseguido, que lo había hecho yo sola, que había parido a mi hija!
Había magia en aquella habitación, nos besamos y abrazamos todos los que estábamos allí. Se escuchaban llantos y risas, se sentía el amor. Piel con piel.
Pasado un rato tu papi cortó el cordón, cuando dejó de latir. Poco después de la 1h alumbré la placenta y Laia y Roser me miraron por si tenía algún desgarro, nada de nada! Otro subidón más! Olé yo! Pesaste 3’900 kg.
No me lo creo, a la 1’30h., acabada de parir, me estoy duchando. Tengo hambre y me dan un caldito y batido de placenta. Estás conmigo, con los ojos abiertos y tu cabecita buscando mi pecho, te ayudo, lo encuentras y volvemos a estar unidas.Esa noche no pude dormir, estaba demasiado emocionada y alucinada con lo que había hecho. Era taaan feliz que no había ni hay palabras para poder describirlo.
Ahora, nuestra casa, nuestra habitación, nuestra cama, nuestras sabanas, ya no son las mismas. Tienen otro olor, tienen un color diferente, un calor especial.
Quisiera dedicar éste relato, éste pedacito de mí a…
A ti, mi pequeña Martina, por sanarme y haberme regalado el momento más mágico y grande de mi vida
A mi preciosa Emma, por haberme mostrado cuál era el camino que tenía que seguir, sin ti tu hermana no hubiese nacido en casa, rodeada de tanto amor, paz, tranquilidad, respeto, calor y felicidad.
A mi marido, el que tanto confió en mí, el que tanto me apoyó. Él, sólo él sabe lo que esto ha significado para mí, un sueño que empezó siendo mío y acabó siendo de los dos. Le estaré eternamente agradecida por creer en mí, por sentir y saber que podía hacerlo.
A mis padres, porque sencillamente siempre confiaron en mi elección.
Y… ¿cómo dos personas sin apenas conocerlas acaban teniendo un lugar tan importante en mi vida?! Éstas son Laia y Roser, mis comadronas. Ellas han sido dulces, atentas, respetuosas, alegres, tranquilas,… Gracias por ello, por acompañarme y ver en mí una diosa poderosa que todo lo puede, por todo ello siempre tendrán un lugar especial en nuestro hogar.
Y a tantas mujeres y amigas que me dieron fuerza, a todas ellas gracias por recordarme que “podía”.
Noelia Acedo González
12/12/2017



